Actualidad, Opinión »

Salvar a la banca para rescatar al Estado

Alberto Fernández Alonso

Hace unos meses saltaba la noticia sobre la petición oficial de ayuda financiera del Gobierno de España para su sector bancario a la Unión Europea. La semana pasada el Eurogrupo se reunió y aprobó el Memorandum de Entendimiento o Memorandum of Understanding, ME por su siglas en inglés, documento final que recoge las condiciones del rescate. Se aprueba por una cantidad máxima disponible de 100.000 millones de euros a devolver en una media de 12,5 años y un máximo de 15 años, con un tipo de interés variable negociable cada seis meses además de una serie de gastos y comisiones. La primera parte de la ayuda, que corresponde con la cifra de 30.000 millones de euros, se instrumentalizará a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), organismo que desaparecerá con la llegada del Mecanismo de Estabilidad Europea (MEDE) que será el encargado prestar el resto del montante en caso de que fuese necesario.

Desde el Gobierno no se ha dejado de repetir, como si de un mantra se tratase, que la ayuda solicitada no es un rescate al modo de los realizados en Grecia, Irlanda o Portugal, sino una vía de ayuda financiera para nuestro sector bancario. Con dicho mensaje, se pretende tranquilizar a la opinión pública sobre que los temidos hombres de negro de la burocracia europea no tendrán poder sobre la política del país, pero si sobre las entidades bancarias que reciban el dinero europeo. Y tienen razón los responsables de nuestro Gobierno, no se trata de un rescate como los que hemos visto hasta ahora, pero sí de uno encubierto como en la mejor novela de espías e intrigas a nivel internacional.

Hasta ahora la Unión Europea se ha tenido que enfrentar al rescate de economías secundarias, por desgracia para griegos, irlandeses o portugueses; pues su peso dentro de la locomotora continental no es tan importante como la española o la italiana. Por ello, la U.E. ha jugado a evitar en todo momento un contagio de esos países a otros mucho más grandes y con mayor importancia en la marcha de la economía de la Unión, a saber, España e Italia. Pero, ¿qué hacer si uno de esos monstruos de final de pantalla no se da por vencido? Pues lo que muchos de nosotros hacemos cuando nos encontramos en la misma situación, usar los siempre discutibles trucos.

¿Por qué? Pues porque reconocer de manera abierta que la quinta economía de la Unión y la cuarta de la euro zona necesita un rescate, sería un desastre de proporciones dantescas para toda la U.E. Si, se nos haga difícil de creer o no a los patrios habitantes de esta vieja piel de toro, España es demasiado grande para caer, y de hacerlo, provocaría un maremoto de proporciones desconocidas. Nuestra economía supone, a datos del FMI del 2012, el 8,18% del PIB total de la Unión Europea, mientras que la suma de Grecia, Portugal e Irlanda solo el 4,10%. El porcentaje sería mucho mayor de sumar una posible quiebra de Italia, candidata con muchas posibilidades de ser la siguiente si España por fin cae.

Por si fuera poco, de los 131.900 millones de euros que los países periféricos deben a los bancos alemanes y franceses (en deuda pública), el total de los tres países rescatados alcanza la cifra de 27.500 millones, es decir, un 20,8 % del total; mientras que España e Italia suponen un total de 104.400 millones de euros, un 79,2 % del monto total.” Como puede verse en la tabla adjunta (Goldman Sachs con criterio de la EBA, cálculos realizados por el autor):

Pero el juego alcanza proporciones apocalípticas si a esa exposición de los bancos alemanes y franceses a la deuda pública española e italiana, sumamos su implicación en deuda privada de los mencionados países, entonces la cifra sube hasta un total de 730.000 millones de euros. De los cuales, España debe entorno al 20% a los bancos teutones y el 15% a los bancos galos. Estas son las escalofriantes cifras que arroja el último informe del BIS.

No es de extrañar por tanto, que todos los actores implicados en la trama hayan decidido disfrazar el rescate a España como una ayuda a su sistema financiero y no a la totalidad del país. ¿Cómo? Utilizado el truco del carry trade. Se presta a los bancos españoles dinero para que sigan comprando deuda pública, con ello buscan rebajar y estabilizar tanto la prima de riesgo como el tipo de interés que el Tesoro debe pagar por sus emisiones. El Estado consigue la tan bendita financiación, los bancos activos de primera calidad que pueden colocar en el Banco Central Europeo para conseguir más financiación y la rueda vuelve a girar una y otra vez. Si, ya sé que quieren pruebas de ello, a ver que les parece ésto, ¿saben cúal es la cantidad que debe colocar el Tesoro de aquí a final de año? ¿No? Vamos, digan una cifra que les suene, ¿todavía no?, pues 30.000 millones, ¿les resulta familiar la cantidad? ¡Si, exacto! Corresponde con el primer tramo de la ayuda facilitada. ¿Sospechoso no?

La idea, desde luego, era buena, pero como en toda trama de espías y juegos de alta política, siempre hay un díscolo o malvado, papel que esta vez está jugando el BCE al negarse a seguir facilitando dinero a los bancos nacionales aceptando como garantía deuda pública. La consecuencia, subida estratosférica de la prima de riesgo que marca registros históricos y colocación de la última subasta del Tesoro a unos tipos de interés tremendamente peligrosos. Y de repente, el Sr. Draghi, dicen las malas lenguas que motivado por una llamada primero desde el Palacio del Quirinal y luego desde la Cancillería Federal (Bundeskanzleramt), cambia de la noche a la mañana su opinión y logra tranquilizar a los mercados. Evidentemente, la súplica del Sr.Rajoy sobre la necesidad de agilizar el rescate o bien España no podría hacer frente a sus vencimientos de pagos más cercanos, no hizo mucho efecto en el Gobernador del Banco Central Europeo.

Mientras tanto, el tiempo pasa, los mercados apuestan y la trama avanza poco a poco hasta el desenlace final. ¿Cúal? Pues como en toda buena novela de espías, es algo que no sabremos hasta la última página y podemos tener por seguro que nos sorprenderá. ¿Qué hacer mientras tanto? Adelantarnos a la solución y apadrinar un banquero: