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Bankia, de las rebajas a la ruina

David Pazos Carballal

Cuando llegó el momento de dejar de mirar para otro lado, y darnos cuenta de que el sistema financiero español no era el más sólido del mundo, surgió la primera oleada de fusiones bancarias, entre ellas se construyó un barco enorme, difícil de gobernar y compuesto por muchos tripulantes, todos muy enfermos. Se cometió el error de pensar que con un enfermo más otro enfermo, conseguirían crear un ente sano. Inicialmente este ente se llamó Banco Financiero y de Ahorros.

Banco Financiero y de Ahorros (BFA), surgió de la fusión de siete antiguas cajas de ahorro en forma de SIP -Sistema Institucional de Protección- cuyo objetivo inicial era funcionar de forma relativamente independiente prestándose apoyo mutuo. Liderada la fusión por Caja Madrid y Bancaja, a ellas se unieron Caja Canarias, Caja Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja. Posteriormente se decidió traspasar el negocio financiero a la sociedad denominada Bankia, la cual su nombre le será más conocido para la mayoría.

El accionista mayoritario de Bankia, BFA, decidió que para financiar la fiesta necesitaba más accionistas, y cuantos más y más pequeños fueran mejor, por lo que Bankia fue la primera entidad fruto de la oleada de fusiones bancarias post-crisis en salir a bolsa.

Debido a su insalubre estado, se vio obligada a salir a bolsa con el descuento sobre su valor contable más grande del sector, y a un precio de 3,75 euros. El tramo minorista (inversores de a pie), estaba comprendido por un 60% de las acciones que se ofrecían en la Oferta Pública de Suscripción (OPS).

¿Cómo se convenció a todos esos pequeños inversores? No fue tarea fácil, pero los tratos a cambio eran suculentos. En plena guerra de pasivo del verano de 2011, y con la salida de un decreto que penalizaba los tipos por encima del Euribor más 100 puntos básicos, Bankia ofrecía a sus mejores clientes los depósitos e inversiones más suculentas, eso si, siempre que invirtieran parte de los ahorros de toda una vida en la compra de las acciones de la inminente salida a bolsa. Parece que no fue complicado engatusar a los inversores minoristas, pues la demanda en este tramo era del 104%, lo que exigió prorrateo.

Su salida a bolsa se celebró el 19 de julio con gran expectación, el precio de salida fue de 3,75 euros pero el mercado pronto empezó a dudar, uno de los bancos colocadores, JP Morgan, se encargó de comerse parte del pastel y evitar que Bankia entrara en pérdidas en el primer día de su cotización.

Posteriormente la cotización de la nueva entidad ha sido errante, su máximo se dio el 2 de agosto de 2011 con 3,90 euros, haciendo ganar a los inversores que acudieron a la OPS, 15 céntimos por acción. Pero a partir de ese momento el descalabro fue continuo hasta llegar aproximadamente un año después, el 17 de julio de 2012 al precio de 0,52 euros.

Motivo del descalabro financiero de la entidad fueron sus aberrantes pérdidas y fruto de ello la intervención completa por parte del Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria (FROB), el brazo financiero del estado, a su matriz BFA.

Detrás quedan miles de personas a las que hace un año se les ofrecían unas acciones que estaban de rebajas, pues tenían un descuento del 60%. Estas personas han llegado a perder el 85% de su inversión probablemente, en muchos casos, ahorro fruto del trabajo de toda una vida.

¿Las personas que movían los hilos en Bankia, eran ajenas a la inminente explosión que iba a ocurrir en la entidad? Dejo la pregunta abierta esperando vuestros comentarios.