Empresas, Mercados »

Las mayores burbujas de la historia II: La Compañía de los Mares del Sur

Daniel Murias

En 1711 Inglaterra arrastraba la carga de una gran deuda pública causada por el esfuerzo colonial y las contínuas guerras. La solvencia de la Corona Inglesa para atender su deuda estaba en duda, así que cotizaba por debajo de su nivel nominal.

En esta situación, la Compañía de los Mares del Sur, fundada en 1711 por Robert Harley, aceptó cambiar diez millones de libras de deuda contra las acciones a una tasa de interés del 6%. La compañía, a cambio logró el monopolio sobre el comercio con las colonias españolas en América.

Aunque los beneficios de la compañía eran más bien pocos, debido a los problemas para comerciar con América, ya que España no estaba dispuesta a dejar entrar productos ingleses en su mercado colonial y llenaba de impedimentos a los barcos de la compañía para que no pudieran fondear en los puertos españoles. A esto se suma el hecho de que la guerra abierta entre ambos países dificultaba las relaciones entre España e Inglaterra, lo que hacía aún más difícil la empresa de la compañía. Además el comercio de esclavos, que era uno de los pilares del negocio, se dificultaba debido al alta mortalidad en los viajes a América. De todos modos Harley seguía insistiendo en su inmenso potencial a largo plazo y en 1717 se hizo cargo de otros diez millones de libras de deuda pública contra una nueva emisión de títulos.

En abril de 1720, se aprueba un proyecto de Ley por el cual la Compañía de los Mares del Sur aceptaba hacerse cargo de toda de la deuda nacional en las mismas condiciones, lo que unido al rumor de que España aceptaría la liberalización de su comercio colonial desató la especulación. Las acciones subieron rápidamente, pasando de 128 libras en enero de 1720 a 550 a finales de mayo.

Apoyándose en su buena relación con el gobierno y la corona británicos, la compañía obtuvo la licencia real para comerciar en exclusiva con lo que su atractivo creció y sus acciones llegaron a las 890 libras a comienzo de junio. El rápido aumento del valor de las acciones provocó un frenesí especulativo en todo el país.Las emisiones de acciones eran incapaces de abastecer la demanda de inversores por lo que empezaron a surgir otras compañías de índole cada vez más dudosa, pero que no por ello dejaban de captar dinero y subir de precio. A veces la realidad supera a la ficción y según fue satirizado en la novela fantástica Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift existían compañías que aseguraban encontrar metales preciosos a partir del mercurio, obtener la luz solar a partir de los pepinos y la creación de la rueda de movimiento perpetuo. Para evitar este tipo de especulaciones, el parlamento promulgó la Bubble Act que prohibía estas estratagemas especulativas, y que ha dado el nombre a los fenómenos de burbuja que conocemos hoy en día. Pero, nuevamente gracias a los contactos que tenía con el parlamento y la corona, la Compañía de los Mares del Sur quedó fuera de la actuación de esta ley y su cotización alcanzó las 1.000 libras.

Entonces la tendencia cambió bruscamente. Otras burbujas estallaron al mismo tiempo en Ámsterdam y París (Compañía del Missisippi de John Law) y la situación económica internacional disminuyó la confianza en la Compañía y aceleró la caída de la cotización. La crisis se propagó a los bancos, también accionistas de la compañía. Entre los accionistas que se arruinaron estuvieron miembros del gobierno; incluso Isaac Newton: después de haber obtenido una plusvalía de 7.000 libras en abril, acabó perdiendo 20.000. Más tarde declaró: Puedo predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de las gentes.

El gobierno intentó desesperadamente salvar la situación, pero no pudo evitar que la cotización se hundiera de forma fulminante hasta debajo de las 200 libras al finalizar septiembre (menos del 20% de principios de agosto) y se estabilizara sobre las 120 libras antes del fin de año. Ante la cólera de los inversores (el mismo gerente, John Blunt, fué víctima de un atentado fallido), el Parlamento se disolvió en diciembre, y una comisión ocupó su lugar. En su informe publicado en 1721, y gracias a los informes que el gerente Blunt había entregado a cambio de una amnistía parcial, se reveló un fraude de gran amplitud organizado por los directores de la compañía. Dichos directores fueron arrestados y llevados a la Torre de Londres. La mayor parte fueron desposeídos de sus bienes: Así, a John Blunt no le quedaron más de 5.000 libras de las 183.000 que tenía, y James Craggs, miembro de la compañía y político y empresario, se suicidó.

Aunque el nuevo canciller y el primer ministro anunciaron una serie de medidas para restablecer la confianza pública y la solvencia de la compañía, la ruina de miles de personas no pudo evitarse y Gran Bretaña entró en una grave depresión económica. La compañía continuó con su comercio no obstante (cuando no quedaba interrumpido por la guerra) hasta el inicio de la Guerra de los Siete Años. Sin embargo, su principal función fue siempre manejar la deuda gubernamental, más que comerciar con las colonias españolas. La compañía de los mares del sur continuó encargándose de administrar parte de la deuda nacional hasta que se abolió en la década de 1850.