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El origen de la situación económica de España

Pablo Fariña

Comienzo mi periplo en este foro con un artículo, que como no podía ser de otra forma, versa sobre la situación actual, España. Es muy posible que muchos lectores no tengan una idea general del problema o su foco real, puesto que a diario recibimos cantidad ingente de información, de diversos índices, ratios y cifras que nos resultan muy difíciles de condensar y analizar desde una perspectiva más general.

Todos oímos y hablamos de la prima de riesgo, de los bonos a diez años, de la deuda, del déficit, del paro, de tipos de interés, del coste de la financiación y de Europa pero enlazarlos todos y relacionarlos no es una tarea sencilla si no echamos la vista atrás o si no los observamos, como un ave rapaz otea el terreno en busca de su presa.

Quiero iniciar esta andadura, sentando ciertas bases y conceptos, que espero puedan ser de ayuda para entender la dramática situación actual, como marco de desarrollo de las acciones que nuestro Gobierno y Europa están llevando a cabo, trataré de ser objetivo y plasmar hechos incontestables, y que cada lector extraiga sus conclusiones.

Hasta el año 2008 España se suponía un país próspero y rico, basado en el bienestar y con industria y sectores económicos prometedores. Quizás no sea del todo cierto, puesto que si analizamos nuestra macroeconomía como si fuese una empresa, o una familia cualquiera (de hecho se debe hacer), España cometió el grave error de no diversificar su cartera de negocios y de olvidarse de llevar a sus hijos al colegio, instalados en el dinero fácil y en objetivos muy cortoplacistas.

Dicho esto, desde 2008 entramos en una fase doble; negación de la inercia y contagio de otros mercados vecinos (todos son vecinos desde la globalización 3.0) y en otro proceso de despilfarro absoluto basado en dos factores: La vil compra de votos y la negación de un estado (estructura) sobredimensionado. Esto nos llevó a tener unas cuentas generales, en tres años, incluso menos, con un agujero cercano a los 500.000 millones. Lo peor es que la economía ya estaba en desaceleración y el -gasto_ aumentaba más que los ingresos. Fácil de entender. Pero los ingresos disminuyentes son siempre más graduales que el enorme gasto, rápido y creciente. Negando una realidad destrucción de 300.000 puestos de trabajo en los primeros meses, las consecuencias solo podrían ser evidentes y palpables pasado un periodo medio, que ya suponía una situación de “entrada en barrena”. A partir de este momento, mediados de 2009, la espiral era imparable; pero continuamos esperando por una solución mágica y espontanea. Y con ello nos instalamos en el déficit; nuestro diferencial de ingreso / gasto creció y creció sin tomar acciones concretas. La espiral de destrucción de empleo y tejido empresarial es un proceso siempre huracanado, una vez destapada la caja…

Y en esta situación nos encontramos: gasto insostenible, Estado sobredimensionado, solidaridad autonómica nula y perentoria necesidad de ingresos.

¿De donde podemos financiarnos? ¿De nuestro propio recurso? No, ya no existe. ¿De las exportaciones? No, la balanza es lamentable y poco podemos ofrecer, y poca ayuda institucional obtenemos. ¿De nuestros bancos y cajas también anclados en el dinero fácil? No, las cajas son un agujero económico (y político) difícilmente soportable. Pues nos queda la opción de nuestros socios y vecinos, Europa y otros mercados.

¿Confiaría un inversor en una empresa si acumula pérdidas, que su volumen de negocio no puede absorber? ¿Si no tiene medios productivos? Claramente no, por esta razón nuestro “crédito” está dañado, por los suelos: la prima de riesgo.

¿Quién nos puede salvar o ayudar? O un gobierno intervenido, como si de una administración judicial se tratase, o unos vecinos y socios, que por miedo al contagio nos vendan dinero a un precio del que obtengan una alta rentabilidad, a cambio del alto riesgo, y con unas pautas y condiciones que protejan, en cierto modo, su dudosa inversión.

No es tan difícil de entender; si una familia ha ingresado 2000 euros mensuales con capacidad de ahorro y poco a poco su gasto (en bienestar) supera a los ingresos, ocurrirá que los ahorros se acabarán empezarán a solicitar créditos a corto, enterrando dinero tóxico con dinero bueno (contagio) para comprar una TV nueva, unos sofás más cómodos, a pagar con tarjetas tapando males cortoplacistas, etc. Hasta el punto de necesitar cantidades que ningún banco, familiar o amigo confían que se puedan pagar y todo ello con la eficiencia de los recursos dañada y decreciendo. ¿Quién les iba a prestar dinero?

Así está España.