Analizamos “La gratuidad es el robo”, de Denis Olivennes: no es oro todo lo que reluce

Analizamos “La gratuidad es el robo”, de Denis Olivennes: no es oro todo lo que reluce

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La lucha por el libre consumo de música, películas y libros reunidos en Francia desde dos puntos de vista políticos totalmente separados: los partidarios del absolutismo del mercado y detractores radicales del capitalismo. La línea hiper liberal económica y proporcionó tecnología de seguridad, mientras que los liberales llevaban la bandera de la fraternidad. ¿Cómo esta santa alianza contra natura antimoderno ultra-capitalista se formó durante los debates legislativos y de la sociedad en cybergratuidad?

El autor nos presenta un divertido título que parodia de forma muy eficaz a Proudhon, la propiedad, es el robo. El libro en sí era simplemente necesario y no podría ser mejor. Todo será gratis en Internet, siempre y cuando las conferencias que da para explicarlo, se hagan pagando y, por supuesto, ha reconocido los derechos de autor, no hace falta decirlo. El texto de Denis Olivennes es un resumen de lo efectivamente necesario que es entender y apreciar el impacto de Internet en las industrias culturales.

En el camino, nos recuerda que perdimos de vista la filosofía básica del derecho de autor, tanto en los Estados Unidos como en Francia. Actualiza las diversas fuentes que dieron lugar a la confusión de los valores de la coalición política, sobre el todo gratuito para transmitir así la contradicción inherente. Explica cómo la industria de la música es un negocio de prototipos, la mayoría no va a pagar por el éxito de una minoría, para la rentabilidad del conjunto. Podía haber añadido que los productores de música grabada están remunerados, en comparación con el cine, y no hablamos de teatro, puesto que la legitimidad de su éxito radica principalmente en el mercado –no en una cascada de ayudas y subvenciones de todo tipo-.

Pero, precisamente, este sutil y singular ecosistema podría estar amenazado por la gratuidad cibernética. La revolución numérica y el invento de Internet han acelerado de forma fantástica la difusión de las obras: en unos minutos se pueden copiar y enviar a miles de personas cientos de películas y de canciones. ¿Qué partidario de la democracia cultural no quedaría maravillado con este gran adelanto? pero, al mismo tiempo, estas revoluciones debilitan el equilibrio que se ha construido poco a poco durante cien años. ¡Todas estas operaciones pueden llevarse a cabo sin pagar! Y de esta manera implosiona la cadena económica de la producción y difusión de obras. Es un tema suficientemente grave para detenerse en él, sobre todo en Francia, que ha sido la patria de la excepción cultural antes de convertirse en el paraíso de la piratería.

La gratuidad es el robo de Denis Olivennes

Información bibliográfica

Nombre: La gratuité, c’est le vol
Autor: Denis Olivennes
Editorial: Grasset & Fasquelle
Precio: 6,99 €

Temas principales: A través de una introducción y cinco capítulos nos expone su debate sobre cómo es posible que dos partidos políticos con ideas radicalmente opuestas al final coinciden en lo básico, el mantenimiento de la piratería en el país galo:

  • Marx lo había soñado, el capitalismo lo ha llevado a cabo
  • Cuando oigo la palabra comercio, echo mano de mi cultura
  • La consagración del entretenimiento
  • Los callejones sin salida de la gratuidad cibernética
  • ¿Lagrannoche.com?

Ideas clave

No podemos olvidar que el ensayo fue publicado en un momento electoral en la Francia de 2007, así, gran parte del mismo está dedicado a los dos principales partidos políticos que se estaban disputando el resultado de las elecciones. La idea principal gira entorno a sí los productos denominados culturales, sobre los que recaen derechos de autor, se pueden considerar un producto más del libre mercado. ¿Qué es más conveniente: que sean gratuitos y estén al alcance de todos, o bien, pagar un precio y que estén al alcance de unos pocos? En la era de la información y de la tecnología este debate se amplía, gracias a los medios de difusión gratuita y que permiten compartir los productos entre los diversos usuarios sin necesidad de que medie un pago previo. ¿En qué lugar deja esto a los productores?

Mercancía

Cultura, dice, es también una mercancía. La aparición de una cultura de economía de mercado permitió la democratización de las obras del espíritu, que dejó de ser reservado para una élite para entrar en el consumo de masas -la idea de que el mercado es el enemigo de la cultura se alimenta de tres fuentes distintas: la crítica “moral” de la Edad Media, una crítica estética de la corrupción del arte que nació en el siglo XIX y la crítica social de mercado, alienación fundada sobre la base del marxismo-.

Según los teólogos, el comerciante se dedica a una producción de valor de carácter inmaterial. Pero el valor, precisamente, sólo puede provenir del trabajo de la materia, del uso de la fuerza física, del sudor del esfuerzo. El comercio se considera una actividad “casi mágica”, porque crea riqueza “a partir de nada”. Ya se ve: esta idea del pecado del dinero, presente en ciertas críticas modernas del capitalismo (de derecha o izquierda), viene de muy lejos.

Medios de comunicación

La tiranía de entretenimiento está absolutamente desarraigada y globalizada. La televisión, la radio y la prensa llamada “libre”, en realidad están financiadas por la publicidad, ya que no venden contenido a los consumidores, pero los consumidores compran a los anunciantes. Sin embargo, las “obras” se siguen comprando a quienes las producen (escritores, productores, periodistas). El caso de la descarga salvaje de música o una película es muy diferente: a los escritores y los productores no se les paga.

No hay ninguna duda de que la industria cultural ha conquistado todo el mundo. Si mañana se suprimiera la televisión, o el cine, la gente se manifestaría con más fuerza de la que usaría por una importante reivindicación social. Y sin embargo esto no impide que la crítica de la cultura “mercantil” crezca e incluso gane terreno.

Diversidad

Todos los estudios están de acuerdo al demostrar que la cultura de la libertad, lejos diversificar la oferta, la reduce significativamente: Internet no regulado, supone la muerte de la diversidad. Este libro tiene como objetivo meditar la excepción cultural en la era digital.

“Muy bien, se dirá; admitamos que tiene usted razón, que el desarrollo del comercio ha favorecido la difusión de la cultura, y que ha participado en el avance de la democracia. Pero debe reconocer que lo que ha surgido en esta ocasión no tiene nada que ver con la verdadera cultura de siempre, llena de invención estética y de elevación espiritual. La que hoy domina el mundo es la subcultura estadounidense. Y aunque sea un progreso de la democratización, no lo es de la civilización “.

Bibliografía del autor

Denis Olivennes, Presidente de la Fnac en el momento de publicar este ensayo, ha escrito únicamente este ensayo, el cual fue distribuido de forma gratuita entre los socios de la gran distribuidora. Tomó la decisión de cesar en sus funciones a finales de 2008.

Conclusiones

Portada La gratuidad es el robo

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He de reconocer que comencé la lectura de este ensayo sin una idea clara sobre si las obras, ya sean literarias, musicales o cinematográficas, deben ser o no gratuitas y estar al alcance de todos, o bien, es justo pagar un precio por ellas. Es evidente que desde el momento en el que está escrito hasta el día de hoy ha continuado avanzando el mundo tecnológico, de tal modo que existen muchas más alternativas para el consumidor de “cultura” que entonces. Así por ejemplo, no es extraño abonar los servicios de Spotify para tener acceso a la propiedad intelectual musical. Lo mismo sucede con las películas y series.

Así, partiendo de la base de que en cierto modo, la obra está tecnológicamente obsoleta, ha conseguido que reflexione sobre si una obra sobre la que recaen derechos de autor debe ser o no gratuita. Entiendo que debe haber cierta remuneración puesto que dichas obras no surgen por amor al arte, si no que son un medio de vida, un oficio como otro cualquiera, sólo que perduran en el tiempo.

Se observa, en cualquier caso, que Denis Olivennes era una parte firmemente implicada en el tema que trata. Como os he contado anteriormente se trataba del director de Fnac, por tanto, su vida gira entorno a dichos derechos de autor. Si éstos no viesen remunerado su trabajo, la compañía no podría cobrar por ello.

Así, la nota elegida se debe a que ha conseguido que medite sobre el tema y, por ello, la considero un básico para todo aquél que desee opinar sobre el tema, con más conocimiento de causa que el hecho de que disfrutemos del ocio gratuito.

Archivado en Análisis, Denis Olivennes, Grasset & Fasquelle
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