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El patrocinio en los estadios de fútbol podría salvar muchos clubes

Victor Leonardi Blondet

Hoy hablamos de fútbol, aquel deporte que mueve grandes masas y levanta pasiones. Este popular deporte fue introducido en España por inmigrantes británicos hacia finales del siglo XIX y, dada su gran aceptación, se comenzaron a crear diversas asociaciones que, en su mayoría, estaban dirigidas por extranjeros residentes en España, extendiéndose así por toda la península.

Las competiciones futbolísticas surgieron como un modo de compartir, deleitar y pasar un rato agradable alejado de los problemas y complicaciones personales: los jugadores profesionales jugaban por amor al fútbol, más tarde por amor a la camiseta y, a día de hoy, por amor a los sueldos millonarios que perciben. Ha sido difícil prever las dimensiones actuales económicas que suponen estas competiciones futbolísticas. Obviamente, los diversos clubes sí detectaron el filón y la capacidad de este deporte de generar y mover cantidades ingentes de capitales, firmando contratos de exclusividad con marcas comerciales que lucen en sus equipaciones, iniciando la construcción de mega-estadios, al más puro estilo de los estadios de baseball estadounidenses.

Sin embargo, los clubes no han quedado inmunes a la crisis mundial, por lo que ya no nos extraña escuchar noticias sobre sueldos pendientes de pago a los jugadores, deudas con hacienda y seguridad social o con entidades financieras. Sus gastos superan enormemente sus ingresos, los ingresos por las retransmisiones y por publicidad parecen no ser suficientes para la mayoría de los clubes. Es evidente que la cuota asociativa ha pasado a ocupar el último plano en las líneas de negocio de las sociedades anónimas deportivas.

Las dificultades para hacer frente a todas las obligaciones de pago contraídas, exige a los diversos clubes a agudizar el ingenio y a buscar alternativas presentes en otros deportes y países. Muchas grandes corporaciones buscan alcanzar más directamente a sus consumidores finales, futuros y potenciales clientes, siendo una excelente estrategia entrar en espacios que albergan a miles de personas. Podemos citar como ejemplo de esta estrategia, pero no utilizada en una actividad deportiva, a una de las paradas de metro más céntricas de Madrid, la estación Sol Galaxy note. Cumple con las tres “U” del Marketing, ubicación, ubicación y ubicación con un gran tránsito peatonal donde sin mirar el letrero nuestro subconciente ha captado y registrado una marca.

De aquí en adelante, la situación actual obliga a los clubes a buscar nuevos métodos de explotar recursos propios y una moda que aparece en Estados Unidos invade Europa, conocida como naming rights (derechos del nombre), que no es otra cosa que comprar los derechos del nombre de la instalación por la que se tiene interés en invertir. Las empresas ven atractivo anunciar su nombre en mega-estructuras que se encuentren en excelente ubicación y a la vista de todos. Se ofrecen contratos millonarios para lograrlo, claro que no es solo un simple anuncio, este patrocinio obliga a cambiar quizás un nombre histórico y algunos no están dispuestos a aceptarlo, pero son muy pocos.

¿La burbuja del fútbol puede reventar o ya ha reventado? Algunos clubes comienzan a vender a sus grandes estrellas y dichos ingresos son retenidos inmediatamente por sus acreedores. Pero, ¿permitirán que la distracción de la gran mayoría reviente? Este nuevo patrocinio puede ser la salvación para muchos clubes y quizás dicha burbuja no explote o desaparezca, así seguiremos disfrutando de 90 minutos donde nos olvidamos de nuestras penas y preocupaciones.

Tal vez un ejemplo a seguir es esta posible solución al problema de la crisis económica en el fútbol, ¿existirán estrategias similares para aplicar en la burbuja inmobiliaria y financiera? Me temo que en poco tiempo también estaremos buscando la solución para una crisis cultural.