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El Rescate no es mucho más que un producto financiero y negocio nuevo y peligroso

Pablo Fariña

El recurrente asunto del rescate económico a España se está volviendo más en el juego de la gallinita ciega que en un procedimiento para garantizar, o para encaminar la recuperación económica. Seguimos inmersos en un reguero de rumores y en ninguna acción concreta. Todo ello afecta, no sólo a la marcha de la propia situación, sino también alimenta la desconfianza y la desesperación de todos los ciudadanos. Como ya he comentado alguna vez, sigo asombrado ante la tranquilidad, quizás resignación, que la población está viviendo.

Desde aproximadamente agosto de 2011, los valores de bonos, prima de riesgo e índices bursátiles navegan más a caballo de una especie de montaña rusa, que en una supuesta gráfica de tendencias. Imposible hacer predicción alguna. Cada día estoy más convencido del hecho de que alguien, grupo, lobby, dirigentes o similares, que mueven a su antojo los pilares de la sociedad, y que todo esto responde, sin duda a la sinrazón.

Echando una mirada al inmediato pasado, no hablo de más de doce meses, es fácil establecer una relación muy correlacionada entre, rumores de patio, notas de prensa, anuncios a las masas del BCE, FMI, etc y las curvas de los principales índices. Como resumen, e incido en la idea que no hay acciones claras y determinadas, es imposible que nuestro crédito dance al son de un sirtaki en vez de mostrar un comportamiento que responda a razones de peso. Una semana somos calificados de bonos basura, y a la siguiente nuestra prima de riesgo debería estar no por encima de 245 y somos un país creíble. Es imposible tal variabilidad de criterio y juicio.

En el verano de 2012 hemos visto como se anunciaba, no de forma oficial, que España pediría el rescate. Todos lo estábamos aguardando para la tercera semana de agosto. Nuestro gobierno, que pese a quien le pese, debería ser el único órgano decisor, nunca afirmó ni desmintió; por otro lado, muy al estilo al que nos tienen acostumbrados. Desde foros ajenos (quizás no tan ajenos) se anunciaba el inminente rescate. Este tipo de anuncios, casi se deberían entender como una invitación o una orden, por encima de nuestra soberanía.

Toda vez que este hecho no acaba de llegar, cada rumor lleva pareja un descenso de la prima, subida de la bolsa y un halo de esperanza. Por el contrario, cada vez que el Gobierno muestra una inacción, los mismos parámetros muestran un castigo aún más severo, volviendo a posicionarnos al borde del precipicio. Y así constantemente. Visto desde fuera, y francamente, siendo muy mal pensado, si acaso, acertado, seguro hay quien está asegurando su jubilación millonaria. Imaginemos que por un momento, todos estos movimientos están siendo dirigidos desde ciertas alturas, conocidas o desconocidas. Descenso de valores, compra, alza, venta; resultado, buenos rendimientos al bolsillo, pero sólo de algunos. Cada uno de estos puntos de inflexión se convierten en una vuelta de tuerca más para los ciudadanos de a pie. Y la cuerda, como cualquier cuerpo elástico sujeto a vibraciones, se fatiga.

Volvamos de nuevo al pasado reciente. Para acallar ciertos foros, nuestro Gobierno, se inventa términos para designar al rescate. Ayuda Financiera, Fondo de Ayuda, Rescate Light, No Rescate, el Si Rescate, y desde el pasado martes, el Rescate virtual. Fantástico, todo provocado para desviar la atención. Es posible que sea debido a que España no necesita el dichoso rescate, pero que hablando de él, alarguemos los plazos. Puede que se deba a que solicitando y aceptando el mismo, se reconozca, de forma implícita, un fracaso en las medidas adoptadas. Puede que sea un último intento de salvar la soberanía de España. A saber.

Tanto rescate no, rescate sí, alarga las penas, no permite avanzar y ahoga más y más a la población. Por el momento, reitero, asombrosamente impasible, pero harta y aburrida. Es tal la desidia y la resignación, que a la mayoría le importa bien poco cualquier devenir futuro. Posiblemente esto se vea reflejado en las próximas elecciones autonómicas.

Ahora, situémonos en el presente. Éste toma la forma del denominado rescate virtual. ¿Qué debemos entender por Rescate virtual? A mi se me ocurre lo siguiente. En una frase, sería como decir: apruébeme usted el crédito, porque si finalmente no consigo lo que se espera de mi país, haremos uso del mismo. Vamos, que es lo más parecido a una póliza de crédito, pero que yo llamaría Póliza de Confianza. Sí, es el nuevo producto financiero del siglo XXI. Como toda póliza de riesgo, conlleva un pago, una contraprestación, que en este caso es, por un lado, las intangibles y por otro las tangibles. A la primera categoría pertenecen la pérdida de poder, cesión de responsabilidades y la asunción de culpa y fracaso. A la segunda pertenecen las más dolorosas, las que todos pagamos a través de impuestos, de pérdida de libertades y de calidad de vida, incluso de la vida misma.

No perdamos el marco temporal, seguimos anclados en el presente más rabioso. Esta misma semana, el martes 17 de octubre de 2012, ante el nuevo invento de la póliza de confianza, los mercados se relajan, la bolsa se dispara, la prima de riesgo cae en barrena y de nuevo el halo de esperanza nos invade. Seguramente volverá a ser una expresión fugaz de éxito. Lo que los mercados habrán pensado, es muy probable que haya sido algo parecido a: bien, tenemos garantizado el dinero, si no cumplen, abro la caja y destapo la póliza de confianza. No hay que ser ningún experto para denominarlo aval. ¿Aval de confianza tal vez? No, aval como garantía de pago.

Entonces, tenemos por una parte una póliza de confianza, y por otra el mismo instrumento, utilizado como aval. Lo que me conduce, de forma unívoca, hacia pensar que desde este momento la confianza se puede comprar, y pagar. Fenomenal, vaya panorama más alentador. A mí, que siempre me enseñaron que la confianza es como un espejo, se me acaba de caer un mito. Ya sabíamos que el amor se puede comprar, que los valores personales fluyen en los cauces del dólar, y ahora la confianza también.

Hemos sobrepasado todo límite del capital, y cuidado, que los ciclos de la vida son como un círculo, los extremos acaban por unirse, y del momento actual, al más extremo pensamiento socialista puede haber un pasito muy sutil.