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Visión y concepción de la empresa como un juego de niños (I)

Pablo Fariña

Muy probablemente, lo que realmente evoca el título de este artículo sea, en primera instancia, que lo que se va a leer de aquí en adelante sea lo más parecido a un ladrillo, muy lejos del tema central de mis últimas publicaciones. Pues no va a ser así, pretendo dar una visión distinta, un punto de vista, hasta controvertido, acerca de por qué a la empresa la vemos como la vemos y cómo ello influye en su desarrollo vital. Además, como las empresas están compuestas, principalmente por personas, también realizaré algún que otro análisis de carácter comportamental.

Fácilmente se pueden buscar definiciones sobre el término empresa, basta con acudir a wikipedia, o cualquier otro foro económico empresarial o a la misma RAE. He aquí las dos primeras con las que nos topamos.

Una empresa es una organización o institución dedicada a actividades o persecución de fines económicos o comerciales.

O la siguiente:

Una empresa es un sistema que interacciona con su entorno materializando una idea, de forma planificada, dando satisfacción a demandas y deseos de clientes, a través de una actividad económica.

En su propia definición encuentro su primer punto débil, si bien, no pretendo enmendar la plana a los grandes gurús empresariales, pero sí, dar una visión distinta, mucho más cercana a la experiencia personal y además relacionarlo con la misma desde su estructura de pensamiento. He decidido el título basado en el propio punto débil del que les he hablado antes. La empresa es un ente vivo, que nace, crece, se desarrolla, y al final, muere. Esto es así, lo queramos ver o no, sobre todo la última parte. Su vida discurre en un entorno, en el que, al margen de tecnicismos, hay personas. Y resulta que, esas personas, también sufren el mismo proceso cíclico, nacen, crecen, se desarrollan y fallecen. Entonces, si este paralelismo existe, ¿por qué no podemos buscarle ejes de conexión? Vamos a ello. Pero, como esto daría para un extenso tratado, que no es el caso de plasmar en este momento, y para el que modestamente no tengo los conocimientos necesarios ni es mi objetivo, me voy a centrar en la fase inicial de crecimiento humano, qué ocurre y qué visión tenemos y cómo relacionarlo con la empresa.

Una empresa nace de una idea y, tras un proceso planificado y con unos medios o recursos, se desarrolla, para generar esos beneficios de los que versan las definiciones, que se centran en económicos, grave error restringirlo a ese concepto solamente. Desde el momento en que hablamos de planificación, hablamos de un cierto encorsetamiento, de un grado de inmovilismo, y de unas normas fijas y claramente determinadas y definidas. Esto creo que sería muy válido si la empresa fuese una entidad individual, solitaria y aislada. Justamente, el escenario es el contrario. Una criatura, y el que tenga hijos, o niños cercanos, que reflexione al tiempo, funciona en un sentido estructural muy distinto. Podemos resumirlo en los siguientes conceptos que os presento en este artículo: Miedo al error, la Fantasía así como un Cuento, el Preparados-YA-Listos, los Juegos y por último, el Dibujar, que os relataré en la segunda parte que os haré llegar en los próximos días. Todas estas fases son tareas fundamentales para la transición de personita-a-persona.

Miedo al Error. Me refiero al miedo a equivocarse. Al margen de la negligencia, hablo de la valentía constructiva, del pensamiento anárquico y deslocalizado, tremendamente lateral de un niño. No tienen miedo, no conocen el fenómeno acción-reacción por lo que, en cierto modo, son libres, libres de pensamiento y acción. Sus valores y principios están en construcción, por lo que puedo compararlo o definirlo como mucho más puros y faltos de intencionalidad negativa. Un niño pregunta, y… ¿qué pregunta un niño? Pregunta porqué. No solamente por la falta de conocimiento, de experiencia, sino porque su estructura mental es la original, con la que hemos sido creados. Y tras un porqué, viene la segunda pregunta, el cómo, y para acabar, cuando la capacidad verbal y lingüística está desarrollada, el qué. su propia expresión de la situación. Pero los mayores, y sobre todo los que nos dedicamos a esto de la estrategia empresarial, nos empeñamos en cambiar el orden de las cosas, el orden natural, el orden en el que hemos sido creados (según su creencia…yo tengo mi opinión). La inmensa mayoría de los veteranos, siguen el proceso del qué, hacia el cómo, y ni tan siquiera llegan al por qué. Esto produce varias consecuencias, a menudo desastrosas, y en muchas ocasiones, no deseadas y que obligan a un replanteamiento general, de un plan, que podría estar bien concebido como idea, pero muy mal enfocado y desarrollado desde la acción. Una casa no se empieza por el tejado. La consecuencia más desastrosa, bajo mi punto de vista es que el mensaje no llega al receptor, no lo estimula, le produce indiferencia y, en muchos casos, desconfianza. Otra grave consecuencia, la material, la malversación de tiempo, esfuerzo, y por ende de recursos económicos. Si nuestra estructura cognitiva va de la parte límbica del cerebro al neocórtex, ¿por qué nos empeñamos en deshacerla constantemente? Porque es lo fácil, lo seguro, y con certeza lo que nos provocaría menos errores visibles. Y al no producir errores, bajo la ley de la coacción y en una sociedad empresarial y personal tan exageradamente coercitiva, no arriesgamos. Subyace entonces, huir de las situaciones o decisiones que provocan miedo o inseguridad. Los niños, no piensan así, y casi siempre aciertan. Si no opinan igual, lo cual no es obligatorio, piensen en como los hermanos Wright hicieron volar su primer aparato, o como M. L. King fue capaz de reunir a más de un cuarto de millón de personas para realizar una alegoría de su filosofía en una era muy anterior a la de las comunicaciones y sin convocatoria previa. Tenían, en ambos casos, un porqué muy definido, en el que creían firmemente y el mensaje llegó. Si lo hubiesen hecho al revés, aun siendo los motivos, conceptos y la ejecución los mismos, el mensaje no habría llegado con claridad al destino. Un niño en crecimiento no actúa así. Pues hagamos entonces, que en la empresa se establezca el mismo desarrollo; punto de partida, la inclusión, el respeto, el debate y la comprensión.

La Fantasía. Todo niño tiene una fantasía, o varias, que en muchas ocasiones las consideramos como irrealizables, como desmesuradas, desproporcionadas, pero por eso mismo se llaman fantasías. Pero estas fantasías son ilusión, son motivación y en muchos casos el combustible que los alimenta. La mayoría de nuestros pequeños quieren ser pilotos, futbolistas, celebrities,… astronautas, y ninguno sueña con trabajar diez horas en una gris y triste mesa de despacho, aunque con el paso de los años acaben en ella. Una empresa debe tener esa misma fantasía, centrada en sus posibilidades, pero desmesurada en cierto grado. Hablo de fantasía, no de objetivo estratégico. Porque de la fantasía es mucho más fácil participar, es mucho más fácil transmitir, y es más clara de interpretar. Es un elemento cohesionador e integrador, ilusionante y positivo. ¿Conocen alguna empresa que tenga esa fantasía en su decálogo de política, o en su visión estratégica? Respondo yo, no. La fantasía madura, muda y se ajusta de forma cuantitativa, pero nunca debe desaparecer.

Y hasta aquí puedo leer, ¿qué os parece? Mañana más y mejor.