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Analizamos El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable de Nassim Taleb

Alberto Fernández Alonso

Comienzo al reseña de este libro con energía y fuerza:

Al parecer, la mayor concentración entre los bancos surte el efecto de hacer menos probables las crisis financieras, pero cuando éstas se producen, son de escala más global y nos golpean con mucha fuerza. Hemos pasado de una ecología diversificada de pequeños bancos, con políticas de crédito diferentes, a una estructura más homogénea de empresas semejantes entre sí. Es verdad que hoy tenemos menos fallos, pero cuando se cometen… tiemblo de pensarlo. Repito: tendremos menos crisis, pero serán más graves.

Teniendo en cuenta que el libro fue publicado en los USA en el año 2007, resulta irónico que alguien que critica y ataca a los visionarios y adivinos imbuidos de argumentos gaussianos (por la campana de Gauss o curva normal), se lleve el pato al agua, en este caso, el cisne.

Y si aún por encima, termina la cita así:

La gigantesca J.P. Morgan puso en peligro a todo el mundo al introducir en los años noventa el RiskMetrics, un falso método destinado a gestionar los riesgos de las personas, que causó el uso generalizado de la falacia lúdica. […] (Se ha ido extendiendo un método similar llamado “Value-at-Risk”, que se basa en la medición cuantitativa del riesgo.) Asimismo, cuando observo los riesgos de la institución Fanny Mae, patrocinada por el Estado, se me antoja que está asentada sobre un barril de dinamita, vulnerable al menor contratiempo. Pero no hay que preocuparse; su numeroso personal científico considera que esos sucesos son “improbables”.

Confirmo que estamos ante un libro que no dejará indiferente a nadie.

Información bibliográfica

Nombre: El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable
Autor: Nassim Nicholas Taleb
Editorial: Paidos
Precio: 19,00 € (9,49 € formato Kindle)

Temas principales:

Ideas clave

Cisnes negros por aquí, cisnes negros por allá, pero, qué diantres es un cisne negro:

Primero, es una rareza, pues habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad. Segundo, produce un impacto tremendo. Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que se hace explicable y predecible.

Por qué nos dan los cisnes negros tanto problemas y somos incapaces de predecirlos, pues porque:

Esta forma de actuar no deja de ser una aceptación de un historicismo, es decir, el estudio del pasado y el conocimiento de las causas que provocaron esos acontecimientos, nos permiten conocer las leyes que determinan la historia. A ésta pretensión de un devenir histórico, se opusieron desde Popper en su Las miserias del historicismo hasta Hayek. El primero argumentando que no podemos prever la tecnología que el futuro desarrollará, y en el caso de haberla previsto, ya no podemos hablar de futuro sino de presente. El segundo, al enunciar que el control de las variables que supondría tal pretensión y arrogancia de conocimiento, ya que sería imposible, por la complejidad social, abordar la realidad para establecer leyes científicas al uso.

La ceguera ante estos hechos imprevistos nos lleva a:

Cierto día de diciembre de 2003, cuando fue capturado Sadam Husein, Bloomberg News lanzó el siguiente titular a las 13.01: “Suben los bonos del Tesoro de Estados Unidos; es posible que la captura de Husein no frete el terrorismo.” Cada vez que se produce un movimiento en Bolsa, los medios de información se sienten obligados a dar la “razón”. Media hora más tarde, tuvieron que emitir otro titular. Cayó el precio de los bonos del Tesoro (estuvieron fluctuando todo el día, de modo que no era nada extraño), pero Bloomberg News tenía una nueva razón para explicar tal hecho: la captura de Sadam (el mismo Sadam). A las 13.15 lanzaron el siguiente boletín: “Caen los bonos del Tesoro de Estados Unidos; la captura de Husein aumenta el atractivo de los activos de riesgo.” De modo que la misma captura (la causa) explicaba un suceso y su diametralmente opuesto.

Estos cinco puntos convergen en una crítica por parte de Taleb hacia la estadística que todos hemos aprendido en la universidad y que sobre todo, economistas y demás expertos financieros, aman por encima de cualquier cosa. Así, la campana de Gauss y todos sus complementos y expresiones como sigma, varianza, desviación típica, correlación, R cuadrado o ratio de Sharpe, ofrecen esa narratividad y ese número ancla. Ahí están los fracasos más que probados de los Sharpe, Markowitz, Scholes, Merton y otros para predecir lo que en terminología charchista serían los GAP, es decir, ese hueco que dejan las evoluciones de las cotizaciones cuando no hemos sido capaces de prever su tendencia y necesitamos un tiempo para buscar una narración que lo explique.

Pero, ¿por qué no funciona la campana de Gauss? Los dos campos que más se usan habitualmente de las matemáticas en otras ciencias son el álgebra y el cálculo, sobre todo el diferencial. Para poder hacer esto, se hace necesario que el científico opere de una manera singular. El cálculo necesita de drásticas reducciones, su objeto de estudio son sucesos y fenómenos que únicamente se pueden expresar linealmente, con funciones o curvas simples, periódicas y graduales. Funciones a la vez que deben cumplir con los postulados de derivación e integración. El problema surge cuando uno comprueba que las funciones que maneja la naturaleza son ecuaciones no-lineales, funciones continuas que no admiten derivadas y por tanto tampoco pueden ser integradas, ¿qué hace entonces el físico, el matemático, el químico?, pues

no solo tiende a maquillar las aristas de cada problema (con pequeñas oscilaciones, suaves ondas, mínimos cambios de temperatura), sino que linealiza las ecuaciones de antemano, ya al plantearlas, omitiendo pura y simplemente su versión no-lineal o cualitativa. (ESCOHOTADO, ANTONIO 1999:70)

La economía y las finanzas, como nos está costando averiguar, son sistemas dinámicos complejos que nada tienen que ver con el equilibrio y los sistemas de ecuaciones diferenciales.

Bibliografía del autor

Nassim Nicholas Taleb ensayista libanés estadounidense, cuyos estudios científicos se centran en los ámbitos del azar, la probabilidad y la incertidumbre. Ha sido profesor en varias universidades y actualmente ejerce en el Instituto Politécnico de la Universidad de Nueva York y la Universidad de Oxford. También ha trabajado en la empresa privada como matemático financiero, gestor de hedge funds y trader de Wall Street. Actualmente es asesor científico en Universal Investment y en el Fondo Monetario Internacional. Autor de diversos ensayos y libros tanto técnicos como de divulgación general, entre sus últimas obras destacan The Bed of Procrustes: Philosophical and Practical Aphorisms o Antifragile: Things That Gain from Disorder, ninguna de ellas traducida aún al español. Ha sido incluido en el salón de la fama de la revista especializada Derivates en 2001, una de las 50 personas más influyentes en el mundo de los negocios por SmartMoney en 2007, en el año 2009 Forbes lo incluye entre los gurús de mayor influencia en management y en 2011, Bloomberg lo incluye entre las 50 personas más influyentes en las finanzas globales.

Conclusiones

80

Un libro incómodo, ¿por qué? pues porque supone un asedio constante contra muchas de las ideas preconcebidas que durante mucho tiempo hemos dado por buenas, sin llegar en ningún momento a cuestionar. No es fácil reconocer, como se expone al principio de la reseña, saber que no se sabe, ya que una mezcla de ilusión auto creada y arrogancia personal hace difícil ese paso. Tampoco es una tarea sencilla asumir que la incertidumbre está ahí, que no vivimos en un mundo mediocre donde las herramientas estadísticas al uso nos van a servir para desenmascararla, mas bien todo lo contrario, la realidad en la cual estamos inmersos, nos plazca o no, es azarosa, caótica y en cualquier momento, un cisne negro puede derribar hasta los cimientos más sólidos y firmemente asentados.

Una obra que reparte mandobles a diestro y siniestro ya no solo contra las ciencias sociales, sino también contra las denominadas ciencias puras, que dejan su altar de certeza y su halo de incuestionables. Lo único cierto, es que no hay nada cierto para el futuro, que el pasado no explica lo presente y mucho menos, es capaz de prever el devenir del tiempo. Un duro golpe también al ego de los economistas y financieros que vestidos con los ropajes de la matemáticas y la estadística, han descubierto, al igual que el emperador del cuento de Hans Christian Andersen, que también ellos están desnudos.