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Los cigarrillos electrónicos vienen para quedarse

Manuel Sánchez Barreiro

Personalmente estoy sorprendido por la cantidad de fumadores que tengo a mi alrededor cada día y que, además de fumar sus rigurosos cigarrillos convencionales -el menos afortunado, tabaco de liar-, la mayoría, tienen también su cigarro electrónico. Con una estética muy similar a los cigarrillos tradicionales, no es de extrañar vislumbrar caras de alucinación la primera vez que se ve a alguien exhalando humo en un local cerrado. A la vista poseen muchas ventajas: se pueden fumar en cualquier lugar, no generan un entorno de humo -lo que se ve es vapor de agua-, no contienen aditivos cancerígenos y, son hasta un 60% más baratos que los convencionales.

Sin duda fue una gran oportunidad de mercado que se creó tras la aprobación de la ley antitabaco que entró en vigor en enero de 2011. Un producto sustitutivo del tabaco que además de poderse fumar en espacios públicos, se decía que ayudaba a dejar de fumar. Sin embargo, a día de hoy no existen datos científicos que avalen la eficacia de su método y ya está prohibida su comercialización como ayuda para dejar de fumar en la mayoría de los países.

Historia

La historia del cigarrillo electrónico se remonta a 1963 cuando el estadounidense Herbert A. Gilbert patentó un aparato descrito como “un cigarrillo sin humo de tabaco” que calentaba la nicotina y producía vapor de agua. A pesar de ser llamado por varias empresas para su comercialización, nunca llegó al mercado.

No sería hasta el 2000, cuando Hon Lik, un farmacéutico chino, desarrollaría el cigarrillo electrónico de la era moderna con una serie de novedades técnicas. Este cigarrillo se comenzó a distribuir en el mercado Chino en 2004, comercializado como una ayuda para dejar de fumar. El mercado respondió mejor de lo que se esperaba y se comenzó a exportar poco después, antes de recibir su patente internacional en 2007.

Sin embargo, el que se puede adquirir hoy en día es el cigarrillo electrónico de segunda generación, o eCigarro moderno, puesto a la venta en 2008 antes de recibir sus patentes internacionales en 2009 y patente del Reino Unido en 2011.

Mecanismo

Son aparatos muy similares a los cigarros tradicionales aunque ligeramente más alargados. Se componen de tres partes fundamentales: un cartucho recargable lleno de liquido que hace de boquilla, un nebulizador que calienta o vaporiza el líquido y una batería que suele rematar en un LED.

En los buenos cigarrillos electrónicos se consigue que la inhalación sea muy similar a los convencionales, cuando se inhala, el flujo de aire es detectado por un sensor. Entonces, un microprocesador activa el nebulizador, que incorpora minúsculas gotitas del líquido en el aire que fluye. En principio es más sano ya que el cartucho contiene principalmente nicotina líquida pura, sin sustancias químicas, por lo que no es cancerígeno. Además, al funcionar sin combustión gracias a una batería, se evitan toxinas. Cada cartucho equivale a dos paquetes de tabaco tradicionales, aproximadamente 18 miligramos de nicotina.

Los más avanzados avisan al usuario cuando está dando una calada más intensa de lo habitual -inhalando una mayor cantidad de nicotina- o cuando ha acabado un cigarrillo -aproximadamente 15 caladas-, a través de un serie de parpadeos del LED.

Precio

Uno de sus grandes activos es sin duda alguna su precio, aproximadamente un 60% más barato que el tabaco tradicional (un cartucho recargable, equivalente a unos 20 cigarrillos, vale cerca de 1,50 €). En estos tiempos de dificultades económicas en las que un vicio como el tabaco es insostenible, este sustitutivo más competitivo vía precios tiene mucho que decir.

Su fabricación en China permite sacar el producto con un precio muy ajustado donde los costes de producción son relativamente bajos.

Por otro lado, tienen la ventaja de que al no estar considerado tabaco -se ha vendido en algunas farmacias- en nuestro país, no está sujeto al Impuesto Especial al Tabaco, y se les aplica el IVA general del 21%.

Opiniones

El mensaje de todos los productores y distribuidores del producto es el de un instrumento útil para dejar de fumar de forma controlada y sin sufrir en exceso. Los usuarios pueden adquirir los cartuchos con diferentes niveles de nicotina lo que hace más sencillo ir reduciendo la dosis. Como ellos mismos han afirmado en varias ocasiones, “los eCigar conceden la experiencia de fumar mientras que eliminan el olor y los riesgos para la salud asociados al tabaco tradicional”.

En cambio, las voces contrarias circulan por todo el mundo. La OMS afirmó que en septiembre de 2008 que no es riguroso ni está demostrado que sea seguro y un buen método alternativo para reemplazar la nicotina. Muchas organizaciones sanitarias de decenas de países han alertado de sus posibles peligros.

La directiva europea es bastante vaga en esta materia. Cada país tiene sus propias leyes. En la mayoría de ellos su comercialización y venta es legal. Aunque en países como Alemania o Holanda está prohibida su publicidad, en Finlandia no se permite ni su venta.

Una cosa es clara, gracias a su diseño, carácter elegante, sabor y experiencia hace que se estén convirtiendo en una alternativa real para algunos fumadores. Sólo tendremos que ver si se cumplen las expectativas de crecimiento de este producto en los próximos años.

Y tú, ¿sigues fumando? ¿vapeas?