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¿Qué implicaría la separación entre Reino Unido y Europa?

Cristian Varela

Cuando hay problemas es conveniente aunar fuerzas. No es el caso si hablamos de la crisis del euro y los vecinos británicos, que es algo que tiende a la desunión, como por ejemplo en Escocia. En España tenemos el ejemplo con Catalunya; que no tan solo ha aflorado el sentimiento nacionalista si no que ha visto en la secesión una clara oportunidad de viabilidad económica a largo plazo por la contundente y profunda crisis en el estado español.

En el caso que concierne al artículo, los vecinos británicos han combinado el sentimiento nacionalista –de manera sutil- y aquel sentimiento de colaboración, esfuerzo y progreso en continuar siendo el centro financiero europeo y seguir colaborando con la Unión Europea (UE). El segundo, se ha tambaleado de manera contundente al aparecer la grave crisis económica y la ahora crisis del euro. El posible retorno del dracma griego y la posible exclusión del país heleno hicieron tambalear y poner en tela de juicio la capacidad económica y autoritaria del poder de la Unión Europea; la salida de Grecia no tan solo implicaba la ruptura de Europa sino que desanimaba y hacía peligrar al inversor extranjero que pensaría dos veces sobre si invertir en una UE que excluye a aquel que a la mínima su engranaje financiero tiene problemas con su deuda soberana. En épocas de vacas gordas el conflicto político y económico entre Reino Unido y UE era menor; Reino Unido se beneficiaba de la buena acogida del centro financiero de Londres.

¿Cuáles son las intenciones de cada parte?

El primer ministro británico David Cameron ha aflorado y potenciado ese sentimiento nacionalista estableciendo y dictaminando un referéndum sobre la posible secesión de Reino Unido de la UE antes del 2018. No obstante, su posición se basa en la permanencia de Reino Unido a la UE; esa posición le ha hecho ganar cinco puntos en su partido conservador, los “tories” frente al partido laborista o el UKIP (United Kingdom Independence Party), partido que pide la salida de la UE y que ha bajado cuatro puntos según encuestas de dos dominicales británicos. El primer ministro británico aclaraba en la cumbre de Davos, organizada en Suiza, que sus intenciones son claras y se basan en alcanzar una Europa más competitiva, abierta y flexible. En otras palabras, Cameron busca repatriar de Bruselas a Londres las competencias.

Así como Cameron y el Reino Unido quieren más competencias en Londres y más poder fiscal y financiero, lo que la UE pretende es un supervisor único financiero avanzando así a una unión bancaria; los británicos se oponen rotundamente.

Ante una posible secesión los empresarios británicos temen por su exportación a la UE y el posible aumento de trabas fiscales. La intención secesionista fue aún más contundente cuando el diario británico “The Observer” mostraba que con un 56% de los encuestados se posicionaban a favor de la secesión de la UE. Cameron ha proseguido esa intención y la ha alimentado con el referéndum convocado para antes de 2018, para así remontar una popularidad cada vez más afectada. Una utopía histórica que podría verse cumplida, aunque los analistas creen poco probable. Se abre pues, un paralelismo bastante contundente con Catalunya.

¿Qué consecuencias traería la secesión de Reino Unido de la Unión Europea?

Los beneficios que comporta esta secesión de la UE implican un ahorro anual de 7.000 millones de euros en conceptos de contribuciones a la UE. Los costes que acarrearía protagonizarían un descenso del poder de la City, pérdida de puestos de trabajo (se estiman 3 millones de empleos) por perder el protagonismo financiero. Londres ya no sería el centro financiero de Europa y las exportaciones se verían afectadas por las dificultades que surgirían. Un lastre para la enriquecida City y el Reino Unido, que ante una crisis de carácter europeo mermaría las posibilidades de solución ante el conflicto económico de la UE.