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La realidad a la hora de buscar empleo, de intentar forjar un futuro (IV)

Pablo Fariña

Leo estos días en el periódico que el Fondo Monetario Internacional propone que España rebaje sus retribuciones salariales en un 10%, es decir, que nos quieren conducir a la precariedad. España sigue siendo pasajero del furgón de cola en esta materia, por lo cual, una bajada aún más pronunciada nos abocaría al desastre. La fórmula no es mágica, pero hay caminos intermedios. En un marco de consumo interno ridículo, presión fiscal exagerada y asfixiante, reducir más la capacidad de renta, es una locura. Mi cabeza trabaja a ritmo incansable y rápidamente piensa que con el salario de los propios mentores de la idea hacemos muchos colegios, muchos profesores y pagamos muchas prestaciones o fomentamos programas de empleo. Que comiencen la rebaja por sus propias carnes, y veremos donde acabamos.

Me encuentro ante un dilema, hoy me han propuesto un trabajo, pero lo que yo veo no es un trabajo simplemente, sino una oportunidad. Viene a mi mente un comentario de un gran empresario, lo he leído en la prensa escrita: En España es imposible que haya la tasa real de desempleo que nos anuncian, se vive bastate bien. Mucho que aclarar, empezando por la reflexión siguiente: En España hay una tasa de desempleo alarmante, pero hay mucha economía sumergida, y por eso se vive bastante bien, aunque peor que hace tres años. El problema radica en otro extremo, en las ganas y el compromiso que queramos aportar a nuestra sociedad y a nuestra propia vida. Me acaban de plantear un trabajo en el cual, las condiciones laborales son buenas, el salario pequeño, y el horario flexible y a media jornada. Pero lo que no me dicen, y tengo que leer entre líneas, es que detrás de esta oferta hay una oportunidad de carrera. Esto es lo más parecido a un mini-job. Tengo que pensar, tengo dos opciones, compromiso o rendición y huida.

A mi alrededor, haciendo el ejercicio de autocrítica, veo de todo. Puedo observar quien rechaza trabajos porque el horario no se ajusta a mis deseos personales, identifico a quien prefiere descansar y pasar horas en la playa al sol que trabajar, también escucho que yo no he estudiado cinco largos años para tener un salario mileurista. Cada uno propone sus pensamientos, pero me huelo y sospecho que no todos se ajustan a la realidad. Obtener un título universitario no me da derecho a nada, no me posiciona en un rango salarial determinado, es más, dudo que tan siquiera me haya servido para aprender lo más básico de las relaciones laborales, sobre el trabajo en sí, y mucho menos de la empresa privada y su hábitat natural. Todo ello lo traduzco en una frase, qué poco nos apetece luchar, y se resume en la escasa capacidad de compromiso. A más de uno tendrían que explicarle la diferencia entre involucrarse y comprometerse, entre la gallina y el cerdo. Yo esa lección la he aprendido, me han educado en ello, lo veo y respiro, y por tanto, esto se convierte en una opción y en mi nuevo plan.

He tenido que pensar, he tenido que ajustar, diseñar un plan, llenarlo nuevamente de mis ilusiones y esperanzas, pero al menos, tengo uno. Hace semanas no tenía casi nada, solamente la inherente esperanza con la que nacemos. SI algo espero de alguien, algo debo aportar. La vida, y la laboral está dentro de ese círculo, se plasma en un flujo bidireccional, tanto de información como de compromiso. Mi título no es un semáforo en verde que me permita conducir hasta el infinito con preferencia, ni es un vehículo de gama superior a otros. Me distingue, por supuesto, es un punto de partida, es una referencia, nunca un fin en sí mismo. Me ha costado poco llegar hasta este punto, porque he sido capaz de reflexionar. Como dicen mis allegados, la cosa está muy malita, pero yo puedo contribuir a arreglarlo, no deseo esperar a que lo arreglen otros en mi lugar, aquí solamente vale entonar el por mí y por todo mis compañeros. Yo voy a demostrar que el compromiso es lo que vale, y vale mucho, pesa mucho y se valora aún más. Es un intangible que se ve, se vive, se refleja en cada decisión y en cada paso que damos. ¿Será que algunos intangibles se valoran más en las empresas que ciertos papeles? Es posible, en el equilibrio está la virtud, tampoco crea que un ejército de comprometidos indocumentados sea la solución, y yo acabo de encontrar una que es válida. Ya tengo un plan, comienzo a forjar mi futuro, el siguiente paso será el de analizar mis aspiraciones y ponerme metas, trazar escalón a escalón mi camino hacia el futuro.