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Analizamos ¡Acabad ya con esta crisis!, de Paul Krugman: hay luz al final del túnel de la crisis

Lucía Estrada Csaky

Pese a todos los fatalismos que encontramos en el día a día a través de los medios de comunicación en boca de políticos, economistas y demás figuras respetables, en ¡Acabad ya con esta crisis!, Paul Krugman pretende transmitirnos que vivimos en un engaño. ¿Por qué? Pues porque es posible encontrar una recuperación de forma inmediata, sin que sea necesario que pasen muchos años para ver la luz al final del túnel -partiendo de la base de que hace ya cinco años que nos hemos visto envueltos en esta Gran Recesión, lo cual a sus ojos ya es largo plazo.

A través de sencillos ejemplos, su autor nos permite comprender el funcionamiento de herramientas económicas en los EEUU, idénticas a las europeas, tales como la variación de tipos de interés o la fabricación de moneda para su puesta en circulación. Todo ello sin olvidar, más bien todo lo contrario, el coste que a nivel social está teniendo la actual crisis económica debido a los altos niveles de desempleo y las grandes dificultades de reinserción laboral de los parados de larga duración.

Lo que convierte en terrible el presente desastre -y debería indignar al lector o lectora- es que no hay necesidad de que todo esto esté pasando. No ha habido una plaga de langostas; no hemos perdido nuestra pericia tecnológica; Estados Unidos y Europa deberían ser más ricos, y no más pobres, que hace cinco años.

Información bibliográfica

Nombre: ¡Acabad ya con esta crisis!
Autor: Paul Krugman
Editorial: Crítica
Precio: 19€

Temas principales: A través de trece amenos capítulos, su autor nos da respuesta a las siguientes preguntas:

Ideas clave

En primer lugar, la comprensión por parte de este economista de la delicada situación que a día de hoy se está viviendo en muchos hogares, empatizando con todos ellos, así como la devoción por su país y la consciencia de las diferencias existentes entre los distintos países que conforman el estado federal, capta la atención del lector desde el primer párrafo. Haciendo una primera distinción:

Por descontado, lo que nos interesa es el paro involuntario. La gente que no trabaja porque ha elegido no trabajar o, al menos, no hacerlo en la economía de mercado (…), esta no cuenta.

Una importante crítica hacia aquellos que manifiestan sin problema alguno que el que quiere trabajar, trabaja y el que no lo hace es porque en realidad no quiere. Podemos o no estar de acuerdo con él, pero sus razonamientos al respecto dejan cuanto menos sin palabras.

Medidas erróneas

Mantiene abiertamente que los dirigentes actuales y sus asesores, así como muchos personajes del mundo económico, no han aprendido de las crisis precedentes. En todas ellas ha habido mecanismos para lograr incentivar la demanda de mercado -porque de eso hablamos, de una crisis de demanda- inicialmente a través de la contención del gasto público para que, finalmente, el estado llevase a cabo inversiones que redundarían en un incremento del consumo. Tu gasto es mi ingreso. Para explicarlo, un ejemplo práctico: la cooperativa de canguros del Capitolio.

Pero, precisamente porque había muchas parejas reticentes a salir, las oportunidades de adquirir nuevos cupones cuidando a niños ajenos empezaron a escasear. Eso hizo que las parejas con menos cupones se mostrasen aún menos dispuestas a salir, y el volumen de canguros en la cooperativa cayó estrepitosamente.

Es decir, que el que no tiene no gasta y el que tiene guarda por si acaso, porque prevé dificultades para tener más acceso al ahorro.

Crisis de confianza

A vueltas con si se trata o no de una crisis de confianza, el autor no acaba de tener una postura decidida al respecto, si bien mantiene a lo largo de todo el escrito que se trata de una crisis de demanda tal y como hemos comentado anteriormente.

Pero ¿acaso las recesiones no se asemejan a períodos en los que, sencillamente, no hay una demanda suficiente para dar empleo a todos los que ansían trabajar? (…) Una teoría económica razonable, a su modo de ver, afirma que no pueden darse deficiencias generales de la demanda. Y, por lo tanto, sostiene que no ocurren.

A partir de razonamientos de este tipo el autor nos convence de que las teorías económicas no son más que eso, teorías, que muchas veces pueden estar confundidas o provenir de premisas erróneas. Es más que plausible que nos encontramos en un proceso recesivo y que la característica principal es la falta de consumo.

Bibliografía del autor

Columnista de The New York Times, el premio Nobel en Economía en 2008 ha publicado más de 20 libros, de los cuales destacan los publicados por esta misma editorial, Crítica, en español: El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual (2009), Después de Busch: el fin de los “neocons” y la hora de los demócratas (2008) o El internacionalismo “moderno”: la economía internacional y las mentiras de la competitividad (1997).

Conclusiones

89

Realmente fascinante el optimismo y la facilidad de comunicación al lector de todo un entramado político y financiero, siempre con palabras que cualquier persona, sin conocimientos previos sobre temas económicos, puede comprender. Su propuesta de salida de la Gran Recesión a mí me convence, sin ninguna duda y, por ello, la nota elegida.

Es cierto que hay puntos en los que quizá la concreción del caso en EEUU conlleva cierta distancia con nuestra situación, dadas las peculiaridades en los sistemas de salud, y por ello no obtiene el sobresaliente. Pero bueno, como el mismo comenta, habla de su país puesto que es el que mejor conoce.

Sea como fuere, un texto recomendable para todo aquel que quiera una respuesta alternativa a si nuestros gobiernos lo están haciendo bien o no, y pueda hablar del tema con conocimiento de causa. De verdad, muy asequible y muy gráfico.