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Eduardo Barreiros: El creador de la mayor empresa automovilística de capital privado de España

Fernando Sande Lago

Mucho se habla últimamente en esta crisis, de que una de las opciones para los parados es que recurran al autoempleo. No es mala opción, pero sólo unos pocos son capaces de afrontar la aventura de ser emprendedor. Montar un negocio desde cero es a veces una ardua tarea, dura y costosa, que si se lleva a buen puerto, puede ser una manera de poder ganarse la vida e incluso mucho más. Para llevar a cabo el desarrollo de un negocio hace falta tener una gran idea, contar con una serie de recursos económico-financieros para poder empezar , mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucha dedicación. Al margen de todo esto creo que hay todavía un ingrediente más, indispensable para poder tener el éxito que esperamos: la ilusión. Si miramos atrás, podremos ver infinidad de casos de éxito, que son un claro ejemplo de que si se hacen bien las cosas, tendremos una alta probabilidad de convertir nuestro negocio en nuestro medio de vida.

Es por ello que me gustaría fijarme en una de las figuras más representativas en nuestro país de lo que ha sido el éxito empresarial. Hablo de Eduardo Barreiros. Este hombre, nacido en Gundiás (Ourense) en 1919 en el seno de una familia humilde, tuvo que convivir en tiempos muy difíciles de pobreza y guerra. Empezó muy joven a trabajar como revisor en un modesto autobús que su propio padre regentaba. A su vez, trabajaba como aprendiz en un taller mecánico. Vivió como pudo la época de la Guerra Civil, y una vez acabada ésta, se arriesgó montando un pequeño taller y una pequeña empresa constructora. Su taller poco a poco se fue transformando. Cogía diferentes piezas de automóviles y de chatarra, y creaba otros nuevos que posteriormente vendía. Fue en 1949 cuando Barreiros ya transformaba motores de gasolina a diésel, debido sobretodo a la gran escasez que había de la gasolina. Posteriormente pidió un crédito y compró una nave a las afueras de Madrid, donde siguió con el negocio de los motores y donde empezó a crear distintos tipos de vehículos (sobre todo camiones). El negocio poco a poco prosperaba, y pese a no tener ningún tipo de estudios universitarios y contar con las grandes limitaciones que el régimen de Franco le imponía -para no competir con ENASA y los camiones PEGASO-, Eduardo Barreiros consiguió crear de la nada, la mayor industria automovilística de capital privado del país en los años sesenta: Barreiros Diesel SA. Las cifras daban vértigo: 25.000 trabajadores, colocación en el mercado de 100.000 motores de explosión y producción de 3.000 camiones anualmente.

Fue ya a mediados de los años sesenta, cuando Barreiros se asocia a la francesa SIMCA y a la norteamericana CHRYSLER para producir vehículos turismo tan míticos como el SIMCA 1000 o el flamante DODGE DART. Finalmente Barreiros debido a una serie de desavenencias con los norteamericanos vende su participación de la compañía, dedicándose después a otro tipo de negocios como la ganadería. Acabó marchándose a Cuba donde siguió también dedicándose a la automoción. Finalmente falleció en la Habana en 1992. Eduardo Barreiros recibió la Gran Cruz del Mérito Civil, la medalla de oro al Mérito en el Trabajo, y el Premio Internacional Dag Hammarskjold al Mérito Industrial. Su antigua planta de Villaverde en Madrid, fue vendida por los norteamericanos al grupo PSA Peugeot- Citroën, donde se fabricaron los míticos modelos de Talbot a finales de los setenta y principios de los ochenta. Actualmente en la fábrica se producen los modelos del Peugeot 207. Eduardo Barreiros fue un hombre caracterizado por su cordialidad, su buen hacer, su esfuerzo, la preocupación por sus trabajadores (muchos de ellos provenientes de Ourense), etc. Todo un ejemplo de lo lejos que puede llegar un emprendedor.

Es por ello que la gente que se lance a montar un negocio, debe pensar que con ilusión y trabajo, puede alcanzar su sueño, al igual que lo consiguió este industrial gallego.