La Eurocopa de nuestro mercado laboral

La Eurocopa de nuestro mercado laboral

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El presente análisis hace un estudio comparativo de España frente a sus vecinos europeos para resaltar que, a pesar de la reforma laboral introducida recientemente, nuestro mercado laboral sigue siendo demasiado rígido e incapaz de generar empleo. Las cifras de paro son por tanto, no solo una muestra de la crisis que padecemos, sino también producto de una esencia propia que afecta muy mucho a nuestra estructura laboral.

La Eurocopa del empleo

Unos días atrás, nuestra magnífica selección levantaba su tercera Eurocopa, título con el cual además, encadena una sucesión de éxitos que ningún otro conjunto nacional ha logrado a día de hoy, trofeo cotinental-mundial-continental. Ya no debemos mirar con envidia los triunfos de la poderosa Alemania o la cuatro veces campeona del mundo Italia pero, ¿soportaremos una comparación de nuestro mercado laboral?. Lamentablemente no. Nuestro mercado de trabajo ha sido y sigue siendo, en contraste con los demás socios europeos, demasiado rígido para funcionar correctamente. Veámoslo.

La primera variable del estudio es la indemnización por despido:

  • España: 33 días por año trabajado hasta un máximo de 24 meses.
  • Alemania: 15 días por año trabajado.
  • Francia: 20% del salario mensual por año trabajado.
  • Reino Unido: Desde 0,5 a 1,5 semanas por año trabajado según edad.
  • Suecia: Pactado entre la empresa y el empleado.
  • Italia: 7,5% del salario anual sumando 1,5% por cada año trabajado.
  • Austria: Mínimo 2 meses a partir del tercer año. Máximo 12 meses con 25 años trabajados.

Quizás estas cifras en bruto no nos aporten nada, pero se entenderán mejor con un ejemplo. Imaginemos un trabajador con dos años de antigüedad y un salario bruto anual de 30.000 euros al que acaban de despedir, veamos cuales serían sus indemnizaciones según su nacionalidad, ordenadas de mayor a menor cuantía:

  1. España: 5.967,12 euros.
  2. Italia: 3.150 euros.
  3. Alemania: 2.712 euros.
  4. Reino Unido: 1.730 libras (el ejemplo se ha realizado para un sueldo bruto anual de 30.000 libras).
  5. Francia: 857,14 euros.
  6. Suecia: Pactado
  7. Austria: Sin coste al no haber trabajado el mínimo exigido de tres años.

¡Somos los campeones con el despido más caro!

La segunda variable que analizaremos es el periodo de prueba:

  1. España y Reino Unido: 12 meses.
  2. Francia: 8 meses.
  3. Alemania e Italia: 6 meses.
  4. Austria: 1 mes.
  5. Suecia: pactado entre la empresa y el empleado.

¡Junto con Inglaterra tenemos el periodo de prueba para incorporarse a plantilla más alto!

Veamos ahora los contratos temporales máximos:

  1. España, Francia y Suecia: 24 meses.
  2. Italia: 36 meses.
  3. Alemania y Reino Unido: 48 meses.
  4. Austria: Límite de 5 contratos temporales seguidos sin considerar la duración.

¡Esta vez en el podio nos acompañan Francia y Suecia! Esta situación provoca que se dé una alta rotación en éste tipo de puestos y un mercado de trabajo temporal poco estable para el trabajador, quitándole interés y prefiriendo otro tipo de contratación. Además, obliga a las empresas a dedicar recursos en la búsqueda de personal temporal que podría dedicarse a otras tareas. Sin perder de vista que muchas de ellas utilizan este tipo de contratación para escapar de los costes de despido que supone el contrato indefinido, desvirtuando las potencialidades de trabajo temporal.

Analizamos ahora el salario mínimo:

  1. Alemania, Austria, Italia y Suecia: no hay.
  2. España: 641,4 euros.
  3. Reino Unido: 1.158 euros.
  4. Francia: 1.398 euros.

¡Un cuádruple empate entre alemanes, austriacos, italianos y suecos nos deja sin corona esta vez! La existencia de este tipo de salario no deja de ser lo que los economistas llaman un precio mínimo, es decir, el Estado decide marcar el punto de equilibrio entre oferta y demanda por ley. El problema de este tipo de regulaciones es que el mercado puede estar valorando el precio del bien por encima o por debajo de ese precio de equilibrio. En el caso de se halle por debajo, se producirá un descenso salarial por parte de los demandantes hacia el punto legal marcado y todos los oferentes que valoren su mercancía por encima, no la venderán en el mercado, es decir, habrá paro voluntario. En el supuesto de estar por encima del precio de mercado, los oferentes desearán trabajar a ese precio pero los demandantes no desearán contratar a esos niveles salariales, provocando paro involuntario o la implantación de fórmulas alternativas que reduzcan el coste para los empresarios, opciones que pueden ir desde el abuso de los contratos de formación a la economía sumergida.

El resumen que podemos obtener de los datos anteriores, obtenidos del I.N.E. y de la oficina europea de estadística Eurostat, arrojan que nuestro mercado laboral es, en comparación con el resto de la Unión Europea, más caro al despido, con más periodo de prueba, el que menos meses en modalidad temporal permite contratar y con un salarios mínimo que desvirtúa el correcto funcionamiento del mercado laboral. Nuestro mercado de trabajo es treméndamente proteccionista con el trabajador en activo, fomenta poco la empleabilidad y las políticas de empleo suelen ser casi siempre de carácter pasivo vía prestaciones de desempleo.

Los empresarios se encuentran con enormes dificultades para hacer frente a las cambiantes demandas de un mercado globalizado, con estructuras de plantillas fijas cuya capacidad adaptativa al entorno es siempre vía despido improcedente, que además es caro, al que hay que unir la escasa duración máxima de nuestro contrato temporal, que lleva, como ya hemos mencionado, a altos niveles de rotación para el mismo puesto. Por ello, fruto de estas rigideces, la subcontratación es el modelo que más está funcionando, sobre todo en sectores como la tecnología, la consultoría, la informática, las telecomunicaciones, donde lo que se encubre es una contratación temporal bajo una modalidad de prestación de servicios. Sin embargo, las condiciones laborales de este tipo de empresas suelen ser pésimas, con horarios ilegales en la mayoría de los casos, talento mal aprovechado en sectores vitales y fatiga laboral de la plantilla, que acaban abandonando a la mínima a la empresa, el sector e incluso el país. Una auténtica fuga de talento y saber hacer que en nada nos beneficia.

Visto lo visto, está claro que España necesita un Vicente del Bosque que nos permita ganar la copa del empleo o seguiremos lastrados y sufriendo muchos años más, la enfermedad del paro.

Archivado en España, Mercado Laboral, Paro
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