Analizamos El Club de los pringaos, de Daniel Montero: ¿por qué todos los impuestos me caen a mí?

Analizamos El Club de los pringaos, de Daniel Montero: ¿por qué todos los impuestos me caen a mí?

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Si pertenece usted a la clase media, lo sentimos. Sepa que es muy posible que esté pagando en impuestos un porcentaje de sus ingresos mayor al de los grandes empresarios, artistas o deportistas de este país. En este libro se analizan los agujeros por los que estos personajes eluden de forma legal el pago de sus impuestos, tan importantes para el mantenimiento del Estado del Bienestar.

De rabiosa actualidad, el tema de los impuestos levanta pasiones encontradas: nadie –desde los que consideran injusto cualquier impuesto superior al 10% hasta los que apoyan la recientemente anunciada medida de un impuesto del 75% sobre los ricos franceses– está contento con el sistema impositivo español. Y este libro nos proporciona razones fundamentadas para dicho descontento.

Además, está escrito por un periodista, lo cual se nota –y se agradece– porque su lectura se hace accesible a cualquiera, independientemente de su nivel de conocimientos acerca de la fiscalidad en España.

Información bibliográfica

Nombre: El club de los pringaos
Autor: Daniel Montero
Editorial: La Esfera de los Libros, S.L.
Precio: 9,02 €

Temas principales:

  • Las múltiples injusticias del sistema fiscal español.
  • Las empresas como instrumento de elusión o evasión de impuestos.
  • Paraísos fiscales.
  • Artistas, deportistas, empresarios, políticos, religiosos… ¿Cómo hacen para pagar menos impuestos que usted?

El club de los pringaos

Ideas clave

Escrito por el periodista Daniel Montero en un estilo cercano, el libro comienza con una pregunta a cuya respuesta, negativa desde el primer momento, dedicará el resto de capítulos:

En España, la recaudación de impuestos por las distintas vías que dependen de la Agencia Tributaria es la principal fuente de financiación del Estado y, por tanto, la forma más importante para mantener activos todos los servicios sociales que garantizan el llamado “Estado del Bienestar”. Cualquier fraude, merma o escaqueo en estos pagos se traduce en forma directa en menos dinero para sanidad, educación, servicios sociales o sistemas de seguridad ciudadana, por ejemplo. Robar a Hacienda es, en realidad, robarnos a todos. Pero ¿cumplimos todos por igual con nuestras obligaciones? ¿Realmente Hacienda somos todos? La respuesta es tan clara como desalentadora. Sencillamente, no.

Hacienda no somos todos pero ¿quién paga más?

Casi la mitad de la recaudación del sistema fiscal español procede de la imposición indirecta: básicamente el IVA. Cuando compramos el pan, un libro, ropa o un ordenador pagamos un porcentaje que se destina a Hacienda; pero ese porcentaje sólo depende de lo que compramos –es menor teóricamente cuanto más necesario es el bien comprado o el servicio contratado, aunque el grado de necesidad lo definen nuestros políticos y no siempre es coincidente con lo que opina la sociedad (a la reciente subida del IVA del material escolar o de los productos de higiene me remito)–. Que el porcentaje de impuesto dependa sólo de la cosa comprada indica que estaremos pagando lo mismo nosotros que un futbolista, un rico heredero, un presentador de éxito o un directivo de una multinacional con cuentas en paraísos fiscales.

Pero lo peor es que en la imposición directa, nosotros, los “paganos” –en terminología del autor– también somos los que más aportamos.

Según las estadísticas del Ministerio de Hacienda, son los veinte millones de asalariados, con sus nóminas medias de 23.000 euros brutos al año, y no las empresa ni las grandes multinacionales del país, los que recaudan 77.444 millones de euros al año. Por contra, todas las empresas españolas juntas –con las grandes multinacionales como ACS, Iberdrola o Ferrovial incluidas– recaudan menos de la mitad: 30.000 millones de euros. Hay que recordar que Telefónica obtuvo, ella sola, más de 10.000 millones de euros de beneficio en ese período, según sus propias cuentas. En solo tres años, las compañías españolas han pasado de aportar el 22 por ciento del dinero que necesita el Estado a solo un 10 por ciento.

Y lo descorazonadora que es la explicación de ese desequilibrio:

Para la Administración es mucho más sencillo auditar y recaudar el dinero de los asalariados, personas con una nómina fija, escasos recursos económicos y sin capacidad de maniobra, que litigiar con grandes empresas, entrar en juicios con sus abogados y esperar varios años para recuperar el dinero tras un profundo proceso judicial.

Las empresas patrimoniales, los paraísos fiscales y la dolorosa realidad de España

Está bien, aceptemos que es bueno que las empresas paguen menos impuestos porque son las responsables de que la economía crezca y haya empleo. Pero muchas de las empresas patrimoniales no tienen ni un solo trabajador contratado: evidentemente no están generando ningún tipo de empleo y simplemente se usan para que sus propietarios paguen menos impuestos. ¿Es justo que paguen menos impuestos que una PYME? ¿Es justo que paguen muchos menos impuestos que usted y que yo?

¿Y qué decir de los paraísos fiscales? Vivimos en una sociedad en la que las personas no pueden moverse libremente, expulsamos a los inmigrantes ilegales, ponemos trabas y requerimos visados para movernos entre países… Pero el dinero puede ir y venir por donde le plazca. ¿Y dónde le place más? Evidentemente en un paraíso fiscal donde por una pequeña tasa anual puede “descansar” sin que ninguna Hacienda lo diezme. Dinero que no sólo procede de actividades ilegales sino que en muchas ocasiones viene de esas sociedades patrimoniales o, lo que es más sangrante, de empresas que están firmando contratos con el Estado o se están aprovechando de rebajas fiscales o están recibiendo subvenciones estatales. E, igual que sucede con la gente de a pie, sospechamos –con fundamento– que no son las PYMES las que están transfiriendo dinero a esos paraísos.

En 2009, las 29 empresas más importantes de España tenían 272 empresas en paraísos fiscales […] Sólo Indra, Iberia, Iberdrola, Enagás, Bolsas y Mercados y Bankinter salían bien paradas dentro del IBEX-35.

Y esto después de aquél consejo de ancianos –¿lo recuerdan?– en el que una representación de las grandes empresas españolas le pedía a Zapatero “despidos más baratos y una reforma fiscal que les permitiera ser más competitivos“.

¿Por qué permitimos esto? Pues porque España no tiene colonias en las que establecer algún paraíso fiscal.

A falta de una región autónoma a la que colgar el sambenito, a falta de una colonia lejana allende los mares, España –como Alemania, Dinamarca, Rumanía o la República Checa– tiene que generar su propio paraíso fiscal por medio de la legislación […] Es por eso por lo que en nuestro país los ricos pagan menos impuestos que los pobres. Es por eso que nuestros gobernantes aprueban leyes incomprensibles que agravan cada vez más las desigualdades sociales.

¿Recuerdan también aquella noticia de una filial española de Exxon, una empresa de tenencia de valores extranjeros o ETVE, con unos beneficios en dos años de casi 10.000 millones de euros que no pagó ni un sólo euro en impuestos? Ese es nuestro paraíso fiscal. En el libro podrán descubrir muchos más ejemplos así como una descripción más detallada de las ventajas fiscales de las SICAV y las ETVE, así como los “extraños” mecanismos en los que se apoyan.

¿Qué mensaje se transmite?

El mensaje, para Daniel Montero, está claro:

Hay ciudadanos que no sienten a sus políticos, esos que gestionan el dinero de todos, como protectores del bien común, sino como herramientas en la mano de los más influyentes: los bancos, las multinacionales, los grandes empresarios. En definitiva, ese monstruo omnipresente que algunos llaman “los mercados”. Y decisiones como las que analizamos en este libro tienen la mayor parte de culpa. La gente no es tonta. Con ese descrédito público, con el derroche, con la falta de escrúpulos, con la evidencia de que no todos somos iguales ante la ley, ser egoísta y buscar el beneficio propio parece la única solución que le queda al pagano para no quedarse, una y otra vez, con cara de idiota.

Porque, reconozcámoslo, nuestro sistema fiscal protege al que más tiene a costa del que menos tiene, sea una empresa o un ciudadano de a pie. Las grandes multinacionales acceden a deducciones y ventajas fiscales que no están al alcance de las PYMES. Las grandes empresas tienen estructura suficiente para soportar un entramado de sociedades en paraísos fiscales y además no existe ningún tipo de incompatibilidad que impida que un inspector de hacienda –que se supone que conoce al dedillo todos los indicadores y procedimientos de la Agencia Tributaria– solicite hoy una excedencia y esté trabajando el mes que viene en el departamento fiscal de una empresa privada. Los empresarios adinerados pueden montar una SICAV y pagar un ridículo porcentaje de impuestos. Los deportistas de élite usan sociedades que gestionan sus derechos de imagen y se acogen a leyes que les permiten pagar la mitad de impuestos que usted y que yo. La Iglesia y las grandes familias españolas no pagan IBI por todos aquellos bienes que pertenecen al patrimonio nacional. Casi la mitad de lo que cobra un político está exento de impuestos. Etc, etc…

Y, para colmo:

Solo 322 inspectores, de una plantilla de 7.000, pueden investigar a los grandes capitales de este país.

Biografía del autor

Daniel Montero, autor de El club de los pringaos

Daniel Montero Bejerano es Licenciado en Periodismo. Colabora habitualmente en el diario El Mundo y en El programa de AR. Es redactor en Interviú desde donde ha investigado los principales casos de corrupción política y financiera de los últimos años en nuestro país. También ha realizado múltiples reportajes de investigación sobre proxenetismo, terrorismo o delitos económicos. Otros libros suyos son La casta y La correa al cuello.

Conclusiones

90

En definitiva, que si quieren leer un libro ameno que pone al descubierto las grandes injusticias que provoca el diseño del sistema fiscal español, las numerosas puertas de atrás que existen –legales o casi-legales– para aquellos que tienen recursos para eludir el pago de impuestos, no deberíais dejar pasar “El club de los pringaos“, de Daniel Montero. Ahora bien, cuidado, pueden terminar el libro –como yo– muy cabreados.

Archivado en Análisis, Daniel Montero, Editorial Esfera, Fiscalidad, Fraude, Literatura económica
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Comentarios (19)

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  • ¡Buena reseña compañero! Me ha gustado mucho tu lenguaje directo, casi de vendedor y tengo que reconocer que me han entrago ganas de comprarme el libro.

    Ahora bien, yo no quiero pagar más impuestos, sino menos. Debe ser esta mala e insolidaria mentalidad liberal que tengo, fíjate tú. Pero ojo, una cosa es que no desee financiar más a un estado que considero sobredimensionado y otra, permitir actividades ilegales. Si una empresa o persona infringe la ley, que sea juzgado y sentenciado según el procedimiento legal del poder judicial de este país.

    Sobre el libro, tengo una duda, cuando menciona la cantidad de impuestos que las empresas pagan, ¿se refiere únicamente al Impuesto de Sociedades o menciona también a las tasas o impuestos especiales como las cotizaciones a la seguridad social? No es un tema baladí.

    Por otro lado, no todas las propiedades de la Iglesia o la nobleza están dentro del Patromonio Nacional. Forman parte de dicho organismo público únicamente lo que formaba parte del patromonio de la corona española, nada más. Es interesante visitar la página del organismo.

    Un saludo.

    • Paulino Martínez Fernández dice:

      Gracias, Alberto, por tus comentarios. La verdad es que una de las cosas que me gustó del libro es que no se paraba a hablar de la presión fiscal e iba directamente a algo que yo llevo pensando desde hace años -pero por desgracia no tengo tiempo para documentarme- que es que nuestro sistema fiscal no es tan progresivo como parece nominalmente. Y con este libro se confirman mis sospechas: las grandes empresas pagan menos impuestos que las Pymes y, por si fuera poco, tienen acceso a paraísos fiscales. Las grandes fortunas pagan menos impuestos que cualquier asalariado. Y todo perfectamente legal, sin correr riesgos. Independientemente de que podamos discutir si la presión fiscal ha de ser mayor o no, creo que sí que hay un cierto grado de civismo en pedir que aporte más quien más tiene – y también sin discutir cuánto más para no perder el enfoque. Pero que ya el propio sistema esté montado para que aquellos que más tienen contribuyan menos al bienestar de la sociedad cabrea; y si el razonamiento lo apoyan con datos, peor. En definitiva, que yo creo que el libro te iba a gustar así que si tienes oportunidad, léelo. Saludos.

    • Antonio dice:

      Alberto: ¿Qué seguridad social pagan los empresarios? por favor, seamos serios. El empresario es el encargado de realizar el pago. La seguridad social se la paga cada trabajador. Otra cosa es que los empresarios pretendan quedarse con ese dinero y dejar a los trabajadores en la indigencia de tener que buscarse un seguro médico universal, un plan de pensiones, seguro de desempleo, seguro de accidentes, seguro de vida etc con un salario de 1000 Euros. No amigo, los españoles decidimos que pagaríamos el tratamiento de cáncer, las operaciones la viudedad, la ayuda por malformación de un hijo o por cuidar a un anciano así como todas las demás prestaciones a gente que no conocemos y que lo necesite. Así si alguna vez nos pasa a nosotros estaremos cubiertos por ese paraguas. Otros han visto negocio. Pero que nadie ponga precio a la salud de tu familia o a tu jubilación es un derecho que ha costado mucho conseguir. Soy empresario (de los que han tenido que arriesgar mucho) pero antes he sido trabajador y al contrario que otros sigo pensando que el modelo fiscal nos favorece, eso era lo que pensaba cuando estaba en el tajo y ahora voy de traje y pienso igual. Me aprovecho como cualquiera de las ventajas que me ofrece el sistema, pero no las niego. Luego pienso en los otros “trabajadores” directivos, estratega, gestor, ejecutivo, director de riesgo, de finanzas, de comunicación, jefe de operaciones y una larga retahíla de variopintos cargos contratados por grandes empresas para aplicar “criterios de eficiencia económica” sobre las inversiones de los accionistas asignándose (como no) cuantiosas y lucrativas remuneraciones e indemnizaciones, trabajadores de corbata que constituyen el 10% del total del personal asalariado, aunque cobran el 80% de las retribuciones de la empresa y pienso en el resto de trabajadors que son el 90% de los empleados y cobran el 10% de las retribuciones y me digo: lo importante en esta vida no es arriesgarse y montar un negocio, si no, tener enchufe y llevarte el dinero de un negocio de otros.

  • Enhorabuena, has conseguido cabrearme un poco más!! jejej.

  • Judith dice:

    hola! Me ha gustado mucho tu reseña y me estoy leyendo el libro. Está genial y lo malo es el mal humor que se te pone y la sensación de impotencia.

    Por cierto, que en la carrera de Derecho dentro de la asignatura Derecho Tributario te enseñan que el art.31 de la Constitución obliga a que el sistema tributario sea progresivo (pagar más quien más tiene, es decir, tipos impositivos más altos cuanto mayor capacidad económica tengas),

    pero que como luego esto NO se cumple, pues el Tribunal Constitucional – ese tribunal que ni siquiera está formado por jueces ni por gente que tenga que saber de leyes- ha sentenciado que basta con que sea el sistema impositivo sea progresivo “en su conjunto” para que se cumpla lo que dice el art.31CE.

    Tienen una cara que se la pisan… porque una cosa es que siempre pueda haber excepciones en los que la progresividad no se logre, pero de ahí a decir que basta que sea sólo sea progresivo cuando les apetezca, pues media un trecho y la Constitución lo dice clarísimo, por mucho que ellos sentencien otra cosa.

    Y la falta de progresividad del sistema tributario español no ocurre sólo en la imposición. Es que tampoco los beneficios fiscales son regresivos, es decir, que no se ayuda menos al que menos lo necesita.

    El libro ya explica cómo las empresas se benefician más que los particulares, pero hay más ejemplos. Un millonario que tenga 3 hijos (familia numerosa), no tiene que pagar impuesto de matriculación al comprarse un coche. Como además el impuesto matriculación es más caro cuanto más cuesta el coche porque es un porcentaje del precio, pues le subvencionamos, es decir, le “regalamos” más dinero al que se compre un BMW de lujo que al pobre que se ha comprado un utilitario porque no tiene dinero para comprarse un coche mejor. Cuanto más caro sea el coche que se compre, más dinero se está ahorrando ese millonario.

    ¿Acaso los políticos no saben calcular? No, lo que ocurre es que para tener familia numerosa hay que empezar por tener dinero. Y nuestros políticos sólo cuidan de la gente que tiene dinero y no de los pobres.

    • Paulino Martínez Fernández dice:

      Gracias por tus comentarios, Judith. La verdad es que creo que la explicación que da el autor a la falta de progresividad de nuestro sistema o, mejor dicho, a los excesivos beneficios de los que disfrutan las grandes fortunas y empresas de nuestro país, es muy adecuada: tenemos que hacerlo así porque no tenemos “paraísos fiscales” y, de no hacerlo así, esas grandes fortunas y empresas se irían a tributar a otros sitios donde les ofrecieran tipos más bajos (pensemos en el reciente caso de Gerard Depardieu y otros en Francia). Coincido contigo en que el sistema fiscal español debería ser más acorde con la Constitución, que para eso está, pero… Supongo que será demasiado tentador para los políticos hacerle favores a los que ostentan el poder económico ¿no crees? Gracias de nuevo y un saludo.

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