La Teoría Monetaria Moderna: la magia negra de algunos economistas

La Teoría Monetaria Moderna: la magia negra de algunos economistas

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Hayek decía que uno de los principales pecados que puede cometer un científico social es caer en el “constructivismo”. La idea puede entenderse de manera sencilla, si pensamos que fue el individuo quien creó las instituciones que ahora tiene, de una forma racional, se deduce que nada impide que usando la razón, no pueda intervenir en ellas para mejorarlas e incluso cambiarlas. A esa actitud el economista austríaco la llamó la “fatal arrogancia”. Por tanto, si el hombre creó de manera racional el mercado, nada impide pueda intervenir en él, o eso es lo que en un principio piensan que pueden hacer muchos economistas.

Ben Bernanke y la máquina de regalar dinero

Envueltos como estamos en un periodo donde los estados han gastado más de lo que deberían y ahora empezamos a pagarlo todos, están surgiendo nuevas posiciones teóricas que defienden el gasto público y los déficits como herramientas necesarias para el crecimiento económico. En definitiva, se trata de los de siempre pero con otros disfraces y aunque se lleven mal con sus primos keynesianos, neo-keynesianos o post-keynesianos no pueden ocultar los rasgos familiares. Y uno de estos primos recién llegados son los que se han dado en llamar Teoría Monetaria Moderna

Su origen pueden retrotraerse hasta el economista alemán G.F. Knapp; las aportaciones de Alfred Mitchell-Innes y sobre todo, las ideas de un sistema financiero fiduciario con pleno empleo y baja inflación de Abba P. Lerner. Hoy en día su “resurgimiento” se debe principalmente a James K. Galbraith, Lord Robert Skidelsky, Randall Stephanie Kelton y Bil Mitchel entre otros. Su desarrollo teórico se ha centralizado sobre todo en las universidades de Texas, Missouri, el Bard College de Nueva York y el Instituto Roosvelt; pero realmente su difusión entre el público mayoritario se ha producido gracias al mundo blogger con páginas como The Daily Beast, New Deal 2.0, Naked Capitalism y Firedoglake.

La Teoría Monetaria Moderna (TMM en adelante), intenta analizar las economías modernas con una moneda nacional de carácter fiduciario establecido y creado por el Estado. El dinero entra en circulación a través del gasto público y los impuestos son empleados, en vez de para sostener dicho gasto, para dar valor vía coacción para establecer como instrumento de pago la propia moneda creada, ya que no podrán pagarse en otra divisa que no sea la nacional. Ya que los gobiernos pueden emitir su propia moneda, sostienen que el nivel de impuestos en relación con el gasto público son un claro instrumento de política económica y no solamente, un medio para financiar la actividad del estado.

La estructura teórica de la TMM se construye bajo dos pilares o relaciones, una horizontal y otra vertical. La relación horizontal es la que se da entre el gobierno, el banco central y los bancos privados mientra que, la relación vertical es la que se produce entre el sistema bancario y el sector privado.

Antes de meternos de lleno en ambas relaciones, se hace necesario establecer:

  • Que se cumple la siguiente ecuación:

(G-T) = (S-I) – Nx

donde G es el gasto público, T los impuestos, S el ahorro, I la inversión y Nx las exportaciones netas o sector exterior resultado de la resta entre exportaciones e importaciones (X-M).

  • Que el dinero es creado por el estado y que los bancos centrales ya no son independientes del mismo.

La relación vertical nos dice que el ahorro neto solo es posible si los estados crean déficit. Los bancos privados colocan sus reservas ante el banco central, si el estado gasta más de lo que ingresa por impuestos, creará moneda que colocará en el banco central y éste a su vez, hará aumentar las reservas de los bancos privados. El efecto contrario de reducción de reservas ocurre en caso de superávit.

Este mecanismo de funcionamiento puede llevarnos a pensar que provocará un efecto de crowding out, pero no es así según los teóricos de la TMM, lo único que hace es presionar a la baja el tipo de interés del mercado interbancario, ya que influye en las reservas obligatorias que toda entidad debe depositar en el banco central.

La relación horizontal argumenta que frente a la teoría aceptada del efecto multiplicador del dinero, por el cual son los bancos privados debido a la reserva fraccionada los que crean dinero, no son dichas entidades las que lo hacen, sino el estado debido a la generación de déficit. Las posiciones de reserva son irrelevantes, según esta teoría, ya que lo único que impide a un banco privado prestar más son consideraciones internas de solvencia y rentabilidad.

Lo que subyace detrás de la teoría de la TMM es que el gasto público tiene un efecto positivo en la economía ya que aumenta las reservas monetarias de los bancos privados. Ello permite un aumento del ahorro neto y por tanto de la inversión, lo que conlleva un crecimiento de la economía. Para controlar la inflación que el proceso pudiese ocasionar, se aumentarían los impuestos que son el mecanismo del gobierno para controlar el consumo y por ende, los precios. El objetivo por tanto de pleno empleo es posible si el estado aumenta su déficit hasta conseguir que el ahorro neto y la inversión propicien la suficiente expansión de la economía que permita contratar a los empleados desocupados.

LA TMM no deja ser por tanto, una evolución monetaria de la teoría keynesiana del gasto público. Mientras que los keynesianos defienden que la única política económica válida para el crecimiento económico es la política fiscal de aumento de la demanda agregada vía gasto público y financiación de los déficits vía aumento de impuestos. Los defensores de la TMM dicen que los impuestos no financian la actividad pública sino que permiten controlar la inflación y la única forma de crecer económicamente, es mediante una política monetaria expansiva favorecida por el gasto público. Como para ello, el estado debe poder crear dinero sin restricciones, se suprime la independencia del banco central que vuelve a ser parte del Estado, como lo eran hasta antes de la revolución monetaria de Milton Friedman.

Sin embargo, todo el edificio se sustenta en la descripción de la moneda como algo fiduciario, es decir, los agentes privados deben tener fe en el valor de su moneda. Y no solo los nacionales, sino también los agentes privados y públicos internacionales. Cualquier acontecimiento que deteriore la confianza en el valor de la divisa nacional provocaría una preferencia por otra moneda extranjera, devaluando su valor y haciendo que los agentes privados usaran la divisa internacional para su día a día y únicamente utilizarían la nacional para el pago de impuestos. Por mucho que el estado intentase evitar esa situación.

Otro de los argumentos que sustenta la teoría es que los Estados, los gobiernos, son agentes benevolentes en todo momento y que todas sus decisiones son justas y correctas. Nos encontraríamos ante un caso de Leviathan magnánimo y benevolente donde cualquier proyecto de inversión público sería por obra de magia productivo y rentable.

Considerar que la inflación se puede controlar vía impuestos disminuyendo el consumo es demasiado simplista. No considera el comercio internacional, los costes de producción, los bienes substitutivos, etc. Tampoco tiene en cuenta la relación entre la estructura empresarial instalada y sus costes con el precio de mercado.

Los efectos perversos o lo que Hayek denominó las consecuencias no deseadas de la acción. La intromisión del estado en las reservas y por tanto en el ahorro neto, inciden directamente sobre la inversión. El estado sería el único que dictaminaría cual es la etapa apropiada para invertir, es decir, llevar a cabo proyectos empresariales. Además, cualquier proyecto empresarial sin éxito, no tendría que convertirse en una pérdida económica para el emprendedor, ya que el estado podría asumir el gasto o las pérdidas generadas. No existiría el riesgo ya que cualquier proyecto, viable o no, no supondrá un problema económico para los que lo inicien, ya que el estado actuaría de salvaguarda y para el gobierno no supondría ningún inconveniente, porque vía déficit que puede generar al crear toda la moneda necesaria cubriría esas pérdidas.

Además, como empresario tampoco me interesaría emprender ningún proyecto, ya que de lograr encontrar un nicho de mercado que me permitiera obtener grandes beneficios, rápidamente otros me copiarían al disponer de dinero sin problemas. Y en el caso de que nadie lo hiciese, si mis precios son muy altos, el estado los regularía vía impuestos para mantener la inflación reduciendo mis beneficios hasta el nivel que el gobierno considere oportuno.

Archivado en Crisis, Literatura económica, Mercados financieros, Teoría Económica
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